Fertilizantes sin aranceles: la UE busca frenar otro golpe al costo agrícola
Bruselas eliminó temporalmente aranceles sobre urea y amoníaco para contener la escalada de costos tras la crisis de Ormuz y proteger al agro.
La Unión Europea anunció este 22 de mayo la suspensión temporal de los aranceles aduaneros sobre fertilizantes nitrogenados clave, entre ellos la urea y el amoníaco, con el objetivo de reducir el impacto que la crisis en el estrecho de Ormuz está generando sobre los costos de producción agrícola. La medida, aprobada por el Consejo de la UE, tendrá una vigencia inicial de un año y busca amortiguar las consecuencias de la fuerte volatilidad que atraviesa el mercado mundial de fertilizantes.
La decisión llega en un momento especialmente delicado para la agricultura global. El conflicto entre Irán e Israel derivó en un cierre casi total del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, por donde circula aproximadamente un tercio del comercio global de fertilizantes. La interrupción logística provocó una rápida escalada de precios y encendió alertas entre gobiernos, productores y organismos internacionales.
Aunque la dependencia directa europea respecto de los fertilizantes provenientes de Oriente Medio es relativamente baja, el mercado internacional funciona como un sistema interconectado donde cualquier restricción de oferta genera efectos globales.
Según datos de la Comisión Europea, solo alrededor del 3% de las importaciones europeas de amoníaco y entre el 1% y el 2% de los fertilizantes nitrogenados provienen directamente de Oriente Medio. Sin embargo, la incertidumbre generada por la crisis impulsó una competencia global por abastecimiento alternativo, elevando las cotizaciones de prácticamente todos los fertilizantes.
Ante este escenario, Bruselas decidió eliminar temporalmente los aranceles que todavía afectaban una parte significativa de las importaciones provenientes de terceros países. Hasta ahora, algunos productos pagaban tasas de entre 5,5% y 6,5%, encareciendo aún más los costos para agricultores y distribuidores.
La suspensión no incluirá importaciones originarias de Rusia ni Bielorrusia, países que continúan sujetos a restricciones comerciales dentro de la política europea.
La preocupación excede ampliamente las fronteras europeas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió semanas atrás que una interrupción prolongada de los flujos comerciales de fertilizantes podría derivar en una crisis agroalimentaria internacional, afectando tanto rendimientos agrícolas como precios de alimentos.
Las primeras señales ya aparecen en algunas de las principales regiones productoras del planeta. En Australia, tercer exportador mundial de trigo, productores redujeron superficie sembrada ante el aumento de costos y la incertidumbre sobre la disponibilidad de insumos. Analistas del sector advierten que la próxima cosecha podría registrar caídas significativas si la situación persiste.
En Asia, mientras tanto, organismos especializados proyectan una menor oferta de arroz durante la campaña actual debido a la combinación entre las tensiones geopolíticas y el desarrollo del fenómeno climático El Niño.
Los números muestran la dimensión del desafío. Durante 2024, la Unión Europea importó aproximadamente 2 millones de toneladas de amoníaco, 5,9 millones de toneladas de urea y 6,7 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados y mezclas con nitrógeno.
Para equilibrar la protección de la industria local con las necesidades de abastecimiento del agro, Bruselas estableció límites a los volúmenes beneficiados por la exención arancelaria. La cuota autorizada equivaldrá al volumen importado bajo condiciones de Nación Más Favorecida (NMF) durante 2024, más un adicional equivalente al 20% de las compras realizadas ese año a Rusia y Bielorrusia.
La medida entrará en vigor en los próximos días tras su publicación oficial.
Más allá de su efecto inmediato sobre los precios, la decisión europea refleja una preocupación creciente entre los gobiernos por la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro agrícola frente a conflictos geopolíticos.

