Uruguay

Frigorífico uruguayo apunta a productores tras suspensión de China por residuos

La planta San Jacinto fue inhabilitada y desde la industria aseguran que el problema se originó en el uso indebido de medicamentos en la etapa productiva.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

La suspensión del frigorífico San Jacinto por parte de China volvió a poner en foco los controles sanitarios en la cadena cárnica uruguaya. La medida, originada por la detección de residuos por encima de los niveles permitidos, fue atribuida desde la industria a fallas en la producción primaria, particularmente al uso incorrecto de medicamentos veterinarios y al incumplimiento de los tiempos de espera antes de la faena.

Desde la dirección de la planta señalaron que el episodio impactó de lleno en la operativa exportadora y dejó al descubierto un problema que no es aislado. Se trata de la tercera planta uruguaya afectada por situaciones similares, lo que genera preocupación en un mercado clave como el chino, que mantiene estándares estrictos y un sistema de control riguroso.

Reclamos por controles más duros y cambios en la cadena

El sector industrial advierte que, si bien existen sanciones para este tipo de incumplimientos, su aplicación es lenta y pierde efecto. Por eso, se plantea la necesidad de endurecer las penalizaciones y aplicar mecanismos automáticos, de manera que las irregularidades tengan consecuencias inmediatas sobre quienes no respeten los protocolos sanitarios.

También se propone avanzar hacia un sistema donde ciertos medicamentos solo puedan utilizarse bajo receta veterinaria, con el objetivo de evitar residuos que comprometan la inocuidad del producto. La trazabilidad y el control en origen aparecen como los puntos más sensibles, ya que cualquier falla en esa etapa impacta directamente en la exportación.

Otro aspecto que genera debate es el acceso a la información. Desde la industria sostienen que las plantas deberían conocer cuáles son los predios observados, para poder gestionar el riesgo y evitar embarques que puedan derivar en nuevas sanciones.

En paralelo, se trabaja en acuerdos comerciales que incluyan compromisos explícitos por parte de los productores. Entre las propuestas, se evalúa que, en caso de incumplimiento, la carne no sea comercializada y el ganado no sea pagado, además de trasladar al proveedor los costos derivados de la destrucción del producto.

China marca el ritmo y condiciona el negocio

El mercado chino mantiene una política clara frente a estos episodios: tolerancia limitada y sanciones directas. Las plantas cuentan con pocas oportunidades antes de quedar fuera del circuito, lo que eleva el nivel de exigencia para toda la cadena.

En este escenario, la continuidad de las exportaciones depende de demostrar garantías sanitarias consistentes. La respuesta no solo pasa por la industria, sino por un alineamiento completo entre productores, frigoríficos y autoridades, con protocolos más estrictos y controles más eficientes.

La situación se produce en un contexto donde el negocio cárnico atraviesa una etapa de ajuste. El nivel de actividad industrial muestra señales de desaceleración y los precios comienzan a buscar un equilibrio tras un período de subas sostenidas. La faena semanal, lejos de los niveles necesarios para sostener la estructura del sector, refleja un mercado que intenta reacomodarse.

El vínculo con China, principal destino de la carne uruguaya, sigue siendo determinante. Cualquier desvío sanitario puede tener consecuencias inmediatas sobre el acceso al mercado, lo que obliga a reforzar cada eslabón de la cadena para evitar nuevos episodios que afecten la reputación del país como proveedor confiable.

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