Trigo y girasol en alza: señales de mercado que miran al productor
Fuerte demanda externa y precios en recuperación reconfiguran el tablero del trigo y el girasol. ¿Conviene vender ahora o esperar?
El mercado argentino de trigo y girasol atraviesa un momento de fuerte dinamismo en el inicio del año comercial, con exportaciones récord, compras activas de China y precios internacionales firmes, en un contexto donde cada decisión comercial impacta directo en el margen del productor. La combinación de demanda externa sostenida y oferta competitiva abre interrogantes: ¿conviene vender ahora o esperar mejores valores?
En el caso del trigo, las compras totales ya alcanzan 13,3 millones de toneladas, de las cuales 9,8 millones son a precio y 3,6 millones a fijar. Con 1,1 millones ya fijadas, el volumen comprometido asciende a 10,9 millones de toneladas, prácticamente alineado con las DJVE por 10,4 millones. Es decir, los exportadores están prácticamente cubiertos.
Un camión descarga trigo argentino en planta de acopio: el fuerte ritmo de exportaciones impulsa los precios y mejora las perspectivas del mercado agrícola.
Con una producción récord cercana a 28 millones de toneladas, el saldo exportable podría trepar a 18 millones, cifra que incluso fue ajustada al alza por el USDA respecto del informe anterior. Para dimensionar el salto: en la campaña 2024/25 las exportaciones fueron de 13,3 millones de toneladas.
Un dato clave es que hoy el trigo argentino es el más barato del mundo en términos FOB. Mientras el trigo estadounidense HRW cotiza a US$256 por tonelada y el francés ronda los US$234, el trigo argentino FOB Up River se ubica en torno a US$209. Ese diferencial explica la demanda externa, incluida China, que proyecta compras por casi 200.000 toneladas. El menor precio compensa incluso el mayor flete marítimo desde Sudamérica.
Espiga de trigo en pleno desarrollo en la región núcleo: la producción récord y la demanda externa sostienen las proyecciones de exportación.
En el mercado local, el mensaje también es claro. En el A3, el trigo disponible cotiza a US$185, mientras que la posición julio alcanza US$200,5. Se trata de un pase de US$15 por tonelada en cinco meses, equivalente al 8,1%, una señal contundente para quienes evalúan diferir ventas. En un contexto atravesado por retenciones, brecha cambiaria y esquemas como el dólar soja, capturar esos diferenciales se vuelve estratégico.
El girasol, por su parte, vive una situación que rompe la lógica estacional. A pocos días de la cosecha, los precios no ceden. Se ofrecen US$340 + 20 para el disponible y US$360 + 40 para contratos de mitad de año, aun cuando la producción podría alcanzar un récord de 6 millones de toneladas.
La firmeza se explica por dos factores centrales. Primero, el mercado internacional del aceite. La merma productiva en Ucrania y la continuidad del conflicto bélico impulsaron el aceite de girasol en Rotterdam hasta US$1450 por tonelada, con picos recientes de US$1600. El aceite argentino FOB ronda los US$1320, mejorando la capacidad de pago de la industria en unos US$50 por tonelada durante el último mes.
Lote de girasol en la zona agrícola argentina: la firmeza del aceite y las exportaciones récord mantienen precios atractivos para el productor.
Segundo, la fuerte demanda exportadora de grano. En enero se embarcaron casi 400.000 toneladas, un volumen inédito si se compara con las 250.000 toneladas exportadas en toda la campaña pasada. Para febrero ya hay registradas 135.000 toneladas. Este nuevo jugador -el exportador de grano- compite directamente con la industria y sostiene los valores.
En el tablero regional, mientras Brasil consolida su liderazgo en soja y maíz, y abre mas mercados de sorgo a china, Argentina encuentra en trigo y girasol dos cartas clave para sostener su protagonismo agroexportador. Sin embargo, la competitividad no depende solo del precio: pesan la infraestructura, la logística y la política impositiva.
El mercado hoy ofrece señales positivas. Tanto en trigo como en girasol hay fundamentos que respaldan la firmeza. La decisión final, como siempre, quedará en manos del productor, que deberá equilibrar flujo de caja, cobertura y expectativa de precios en un contexto global que, por ahora, juega a favor.

