Soja en crisis: perforó un piso clave y golpea al corazón del agro argentino
La soja cayó por debajo de los US$ 410 por tonelada y alcanzó su menor valor en cuatro meses. El maíz también se desplomó y preocupa el impacto sobre el negocio agrícola.
La soja volvió a derrumbarse este jueves 11 de junio en la Bolsa de Chicago y cerró en US$ 409,69 por tonelada, su precio más bajo desde el 5 de febrero. El maíz también profundizó su caída y terminó la jornada en US$ 162,10 por tonelada, el menor nivel de los últimos ocho meses. La combinación de buen clima en Estados Unidos, oferta global récord y las persistentes dudas sobre la demanda de China sigue presionando a los mercados agrícolas y genera preocupación entre productores y exportadores argentinos.
La caída de la oleaginosa se aceleró durante las últimas semanas. A comienzos de mayo, la posición julio cotizaba cerca de US$ 437 por tonelada y a principios de junio todavía rondaba los US$ 434. Ahora se ubica por debajo de los US$ 410, acumulando una pérdida cercana a US$ 27 por tonelada en poco más de un mes. En la Argentina, el impacto también se refleja en las cotizaciones locales. La soja julio negociada en A3 retrocedió de US$ 331 a US$ 328 por tonelada desde fines de mayo hasta la actualidad.
Las expectativas del mercado estaban puestas en el informe mensual de oferta y demanda del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). Sin embargo, el reporte no modificó significativamente el escenario que los operadores ya descontaban y terminó confirmando un contexto de abundante oferta mundial.
Entre los datos más relevantes, el organismo mantuvo en 180 millones de toneladas su estimación para la cosecha de soja de Brasil y elevó de 48 a 50 millones de toneladas la proyección para la producción argentina. Para los analistas, el informe tuvo un tono mayormente neutral, aunque reforzó la sensación de que el mercado seguirá condicionado por una disponibilidad creciente de granos.
A la presión generada por la oferta se sumó el movimiento de los fondos de inversión, que durante los últimos meses habían acumulado posiciones compradas en soja, maíz y trigo y ahora comenzaron a retirarse para tomar ganancias. Esa salida de capitales profundizó la tendencia bajista de los precios internacionales.
Otro dato que encendió señales de alerta fue la evolución de las exportaciones estadounidenses. Los embarques semanales de soja registraron una caída del 32%, reflejando una menor actividad comercial. Aunque las ventas de harina de soja crecieron 84% respecto de la semana anterior, el saldo general continuó siendo negativo para las cotizaciones.
La gran incógnita sigue siendo China, el principal comprador mundial de soja. El mercado esperaba una mayor actividad comercial tras distintos anuncios y negociaciones, pero hasta ahora esas expectativas no se tradujeron en compras concretas. La falta de señales claras por parte del gigante asiático mantiene la incertidumbre y limita cualquier intento de recuperación de los precios.
Mientras tanto, el factor que más pesa sobre las decisiones de los operadores es el clima en Estados Unidos. Las lluvias llegaron en momentos clave para el desarrollo de los cultivos y las temperaturas continúan siendo favorables. Como resultado, crecen las expectativas de una excelente cosecha estadounidense, reduciendo los riesgos productivos y aumentando la presión sobre el mercado.
Con una campaña sudamericana que dejó cosechas muy importantes y una perspectiva favorable para Estados Unidos, los operadores observan un escenario de oferta abundante y demanda insuficiente, una combinación que históricamente golpea las cotizaciones agrícolas.
El panorama tampoco es alentador para el maíz. Las mejores perspectivas productivas para Estados Unidos y Brasil siguen ampliando la disponibilidad global del cereal. Tanto la Conab brasileña como el USDA elevaron sus estimaciones para la cosecha del vecino país, mientras que las existencias mundiales proyectadas aumentaron hasta 281,22 millones de toneladas.
Como consecuencia, el maíz alcanzó su precio más bajo desde octubre del año pasado y mantiene una tendencia que preocupa a toda la cadena agrícola.
Para la Argentina, la baja de los granos vuelve a poner en primer plano el debate sobre la competitividad del sector. Con precios internacionales en retroceso, el peso de las retenciones, los costos logísticos, la infraestructura y las condiciones macroeconómicas adquieren aún mayor relevancia.
En un mercado global donde Brasil continúa ganando participación y Estados Unidos se encamina hacia una gran campaña, el agro argentino enfrenta el desafío de sostener rentabilidad en un contexto cada vez más exigente. La evolución de los precios internacionales durante las próximas semanas será determinante para definir el resultado económico de miles de productores y para el ingreso de divisas de uno de los sectores más importantes de la economía nacional.

