Agricultura

México enfrenta un desafío clave: producir más alimentos con menos apoyo al campo

La falta de crédito, tecnología, investigación y asistencia técnica limita el potencial productivo y mantiene al país dependiente de importaciones básicas.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

México tiene condiciones productivas para ampliar su oferta de alimentos, pero la falta de apoyos al productor, investigación, extensionismo y educación agrícola sigue limitando ese potencial, advirtió Guillermo Ortiz Ferrara, especialista en desarrollo genético de variedades de trigo y maíz. El planteo adquiere relevancia por la dependencia que mantiene el país de las importaciones de productos estratégicos como maíz amarillo, trigo, arroz y soja, pese a disponer de regiones altamente productivas y una amplia diversidad de condiciones para la agricultura.

El país cuenta con alrededor de 1,9 millones de kilómetros cuadrados de territorio, con ambientes que van desde las zonas semidesérticas del norte hasta las regiones tropicales del sur y áreas agrícolas de alta productividad como Sonora y Sinaloa. Sin embargo, disponer de tierra, tecnología y conocimiento no garantiza por sí solo mayores cosechas. Entre las principales necesidades identificadas para mejorar los rendimientos aparecen semillas mejoradas, maquinaria, crédito, fertilizantes y equipos de bombeo de agua, recursos que determinan la capacidad de los agricultores para incorporar nuevas tecnologías.

El problema, según el especialista, no corresponde únicamente a la actual administración federal, sino que se arrastra desde distintos gobiernos. La discusión pasa así por la capacidad de sostener políticas de largo plazo que permitan mejorar productividad y reducir las brechas de abastecimiento. México posee un importante sector agroexportador, pero simultáneamente depende del mercado internacional para cubrir parte de su consumo de granos y materias primas fundamentales, una situación particularmente sensible para cadenas como la pecuaria y la industria alimentaria.

Investigación y tecnología: el conocimiento que necesita llegar al productor

Otro punto crítico está relacionado con la inversión en investigación y formación agrícola. Ortiz Ferrara señaló la necesidad de fortalecer instituciones como la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, la Universidad Autónoma Chapingo y el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP). El desarrollo de nuevas variedades, tecnologías y prácticas productivas resulta estratégico para elevar los rendimientos, especialmente ante mayores costos de producción y la necesidad de utilizar los recursos de manera más eficiente.

Pero generar tecnología representa solamente una parte del proceso. También es necesario conseguir que las innovaciones lleguen efectivamente a las explotaciones. La pérdida de estructuras dedicadas al extensionismo agrícola debilitó, según el análisis presentado, el vínculo entre los centros de investigación y los productores. Una tecnología desarrollada en un laboratorio tiene un impacto limitado si el agricultor no dispone de asistencia, capacitación o recursos para incorporarla, especialmente entre establecimientos con menor capacidad financiera.

Coahuila fue presentado como ejemplo de lo que puede ocurrir cuando el financiamiento llega directamente al sector productivo. De acuerdo con los datos mencionados por el especialista, durante la actual administración estatal se destinaron más de 200 millones de pesos en apoyos agrícolas, con recursos orientados a semillas mejoradas, maquinaria, tractores y arados. La respuesta registrada entre agricultores fue considerada favorable y sirve para mostrar el efecto que puede tener la incorporación de herramientas productivas sobre las posibilidades de mejorar los rendimientos.

El planteo propone trabajar sobre cuatro áreas: apoyo directo al productor, investigación agrícola, extensionismo y educación superior. Como referencia internacional, Ortiz Ferrara mencionó a Turquía y sostuvo que ese país destina entre 10% y 15% de su presupuesto al respaldo de cuestiones relacionadas con la producción agrícola. La comparación busca poner el foco sobre el nivel de recursos necesarios para transformar capacidad productiva y conocimiento científico en una mayor oferta efectiva de alimentos.

La dependencia de granos muestra dónde está el mayor desafío

Las dificultades para alcanzar una mayor autosuficiencia aparecen con claridad al observar determinados productos básicos. México tiene capacidad para abastecer su demanda de maíz blanco, pero registra una elevada dependencia del maíz amarillo importado, utilizado principalmente en alimentación animal y procesos industriales. Esto vincula directamente la producción agrícola con la competitividad pecuaria, debido al peso que tiene el cereal dentro de los costos de alimentación de las distintas cadenas ganaderas.

El arroz presenta una diferencia todavía más pronunciada. Para el ciclo 2025-2026 se estima una producción mexicana de 187.000 toneladas frente a importaciones por 808.000 toneladas. La brecha muestra la magnitud de la dependencia externa en uno de los alimentos básicos del mercado interno. El trigo también requiere compras relevantes en el exterior, mientras que las importaciones de soja están relacionadas principalmente con la elaboración de alimentos destinados al sector pecuario.

La situación no implica que México carezca de capacidad para producir alimentos. El país mantiene una agroindustria exportadora relevante y regiones altamente especializadas, pero una parte de la demanda interna de materias primas estratégicas continúa dependiendo de proveedores internacionales. El desafío consiste en determinar qué producciones pueden fortalecerse competitivamente mediante inversión, tecnología, financiamiento e investigación, sin perder de vista las diferencias productivas existentes entre las distintas regiones del país.

La brecha del arroz permite dimensionar ese reto: las 808.000 toneladas previstas de importaciones representan más de cuatro veces las 187.000 toneladas de producción nacional para 2025-2026. Junto con la dependencia de maíz amarillo, trigo y soja, ese dato coloca al fortalecimiento de la productividad agrícola entre los temas centrales para el abastecimiento alimentario mexicano y refuerza el debate sobre cuánto respaldo necesita el productor para convertir el potencial agrícola del país en una mayor producción nacional.

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