Acuerdo UE-Mercosur: se firmó la foto, pero empieza la pelea real-Europa duda, el agro resiste y Sudamérica enfrenta su prueba más dura
La rúbrica en Asunción cerró 26 años de negociación. Ahora arranca lo más complejo: ejecutar un acuerdo que muchos en Europa ya quieren frenar.
El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur ya es un hecho político. La foto en Asunción recorrió el mundo y cerró un ciclo de 26 años de negociaciones . Pero como advirtió el presidente brasileño Lula da Silva , la firma es apenas el primer paso. Lo verdaderamente difícil -y decisivo- empieza ahora: la ejecución del acuerdo UE-Mercosur .
Lula lo dijo con una claridad que incomoda a Bruselas: el éxito no se medirá en comunicados oficiales sino en resultados concretos, cuando los beneficios lleguen "a los supermercados, al campo, a las fábricas ya los bolsillos de los ciudadanos". Y ahí aparece el problema central: la Unión Europea es un gigante económico, pero un enano político cuando se trata de tomar decisiones estratégicas y sostenerlas en el tiempo.
El acuerdo pasó por el Consejo Europeo por una mayoría mínima. Cinco países clave -Francia, Irlanda, Austria, Hungría y Polonia- se opusieron abiertamente; Bélgica se abstuvo. El dato es demoledor: la aprobación se logró con una diferencia poblacional casi simbólica dentro de un mercado de más de 700 millones de consumidores. Una base política frágil para un tratado de esta magnitud.
El rechazo de Francia es, quizás, el dato más inquietante. No sólo porque es el principal país agrícola de Europa, sino porque históricamente ha sido uno de los actores con mayor vocación geopolítica. Hoy, bajo el liderazgo de Emmanuel Macron , esa tradición parece canalizarse en un objetivo concreto: bloquear políticamente el acuerdo con el Mercosur .
Macron no está solo. Cuenta con el respaldo de los agricultores franceses, un sector con enorme capacidad de movilización y legitimidad social, que ve al agro sudamericano como una amenaza directa. La superior productividad y competitividad de nuestras cadenas agroalimentarias es, paradójicamente, la razón central del rechazo europeo.
El frente judicial tampoco es menor. Un grupo de casi 200 eurodiputados ya presentó recursos ante el Tribunal Constitucional alemán de Karlsruhe para cuestionar la legalidad del acuerdo. Cada apelación puede demorar más de un año. Traducido: tres años o más de dilataciones , aun con el tratado formalmente firmado.
Aquí aparece la gran debilidad europea. Bruselas carece del poder político -y del coraje- para enfrentar a los sectores que quieren dinamitar el acuerdo. La burocracia comunitaria funciona, como decía Max Weber, para cumplir reglas, no para tomar decisiones estratégicas en escenarios de conflicto. Y el mundo actual no espera consensos eternos: exige rapidez, firmeza y dirección.
Para el Mercosur -y especialmente para la Argentina- esta etapa es tan crítica como la misma negociación. Si Europa logra paralizar la implementación, el acuerdo puede quedar reducido a una pieza decorativa. Pero si se avanza, se abre una oportunidad histórica para redefinir nuestro lugar en el comercio global, en la bioeconomía , en el agro y en las cadenas de valor industriales.
La paradoja es evidente: mientras Europa duda y se fragmenta, el Mercosur necesita mostrar cohesión, pragmatismo y capacidad de ejecución. El tratado ya no se juega en los salones diplomáticos, sino en el terreno áspero de la política real, los tribunales, las protestas rurales y las decisiones de poder.
La foto ya está. Ahora empieza la pelea de verdad. Y ahí se va a definir si el UE-Mercosur es un acuerdo transformador... o una promesa más archivada en Bruselas.

