Opinion

Mercosur-Unión Europea: una oportunidad estratégica que Argentina no debería volver a dejar pasar

No es solo un acuerdo comercial: es una definición sobre el lugar de la Argentina en el mundo que viene.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en LATAM. Actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario.

 Después de 25 años de idas y vueltas , el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea parece, finalmente, encaminado a entrar en vigencia. No es un dato menor ni una discusión técnica reservada a diplomáticos: se trata de una decisión que puede redefinir el lugar de la Argentina y de la región en el comercio global de las próximas décadas .

El contexto internacional no ayuda. El mundo demanda más alimentos, pero avanza hacia un esquema más fragmentado, con proteccionismo, cuotas y barreras ambientales que muchas veces esconden intereses productivos. En ese escenario, el entendimiento birregional aparece como una rara ventana de previsibilidad para países exportadores de agroalimentos como el nuestro.

El acuerdo no es solo comercial. Tiene un pilar político, uno de cooperación y otro estrictamente económico. En conjunto, crea un mercado de más de 700 millones de personas , que representa cerca del 35% del comercio mundial . Para Europa, significa acceso preferencial a una región históricamente protegida; para el Mercosur, la posibilidad de integrarse de manera más estable a las cadenas globales de valor .

Desde la mirada argentina, los beneficios potenciales son claros. Recuperar exportaciones en sectores donde el país es competitivo -biodiésel, aceites, maní, cítricos, pesca, langostinos- no es un detalle, sino una necesidad. La eliminación o reducción de aranceles permitirá mejorar márgenes en un contexto donde los costos internos siguen siendo altos y la competitividad se discute todos los días.

En el plano agroindustrial, el impacto puede ser aún mayor. La eliminación del arancel de la cuota Hilton , el reconocimiento de 104 indicaciones geográficas argentinas y la apertura para alimentos procesados y productos regionales refuerzan la idea de agregado de valor , una deuda histórica del modelo exportador argentino. No es solo vender más, sino vender mejor.

También hay un punto que suele quedar relegado en el debate público: la Argentina importa buena parte de su maquinaria e insumos desde Europa . Una baja de aranceles en bienes de capital puede traducirse en menores costos de producción, más inversión y mayor productividad , algo clave para salir del estancamiento.

Por supuesto, el acuerdo no está exento de tensiones. En Europa, las protestas de agricultores y el peso del Pacto Verde muestran que el proteccionismo no desapareció, solo cambió de forma. Y en el Mercosur, el desafío será ordenar políticas internas, reducir distorsiones y dar señales claras para que las oportunidades no queden solo en el papel.

La foto de Ursula von der Leyen y Luiz Inácio Lula da Silva simboliza algo más profundo: el mundo se está reconfigurando y los acuerdos estratégicos vuelven a ser una herramienta central. La pregunta no es si el Mercosur-UE es perfecto -no lo es-, sino si la Argentina puede darse el lujo de seguir mirando desde afuera.

Si el proceso de ratificación avanza y el acuerdo entra en vigencia hacia fines de 2026, el desafío será aprovecharlo. Con una estrategia inteligente, el agro argentino puede encontrar en este acuerdo una plataforma para crecer, diversificar mercados y ganar previsibilidad en un mundo cada vez más incierto. Esa, quizás, sea la verdadera oportunidad.

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