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La ganadería argentina empieza a escribir una nueva historia: el feedlot anticipa un cambio que puede transformar al país

Los números del engorde a corral esconden una señal mucho más profunda que un récord estadístico.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

Durante años, la ganadería argentina vivió a contramano de su propio potencial. Intervenciones en los mercados, restricciones a las exportaciones, incertidumbre económica y falta de previsibilidad fueron reduciendo el stock bovino y empujando al sector a producir pensando más en sobrevivir que en crecer. Hoy, sin embargo, empieza a aparecer una señal distinta. Y quizás una de las más importantes de la última década.

El récord de existencias en los feedlots informado por el Senasa podría interpretarse, a simple vista, como un dato más dentro de la estadística ganadera. Pero detrás de esos números se esconde algo mucho más trascendente: la ganadería argentina parece haber comenzado un nuevo ciclo de retención, un proceso que históricamente siempre anticipó una etapa de mayor producción, mejores índices productivos y más oferta de carne en los años siguientes.

Existencias en los corrales de engorde

Existencias en los corrales de engorde

No es casualidad que los corrales tengan más animales, pero con menores ingresos. La explicación está en un fenómeno que los productores conocen bien: los animales permanecen más tiempo en engorde, ganan más kilos y llegan al mercado con mayor peso. Es una decisión productiva que nadie toma si no observa un horizonte diferente.

Los datos son contundentes. Hace ocho meses que la faena se ubica por debajo del promedio de los últimos años, justamente después de un largo período de liquidación en el que Argentina perdió alrededor de 3,3 millones de cabezas. Al mismo tiempo, disminuyen los movimientos de terneros y terneras, otra evidencia de que los productores están reteniendo hacienda en lugar de venderla rápidamente.

Ingresos y existencias en feedlots

Ingresos y existencias en feedlots


Pero quizás el dato más revelador sea el cambio en la composición de los corrales. Hoy predominan novillos, novillitos, vaquillonas y animales más pesados, mientras cae la participación de categorías livianas. En otras palabras, se está apostando a producir más carne por animal, algo que mejora la eficiencia, aumenta la productividad y genera un mejor aprovechamiento de toda la cadena.

Y aquí aparece una reflexión que excede a la ganadería.

Durante décadas se instaló la idea de que el Estado debía intervenir permanentemente para garantizar carne barata. La realidad terminó demostrando exactamente lo contrario. Cada cierre de exportaciones, cada cupo y cada distorsión terminaron desincentivando la inversión y reduciendo la oferta. El resultado fue menos producción, menos exportaciones y, paradójicamente, precios que tampoco dejaron de subir.

Hoy el sector vuelve a responder como tantas veces lo hizo en la historia argentina. Cuando aparecen señales de libertad económica y previsibilidad, la inversión regresa casi de manera automática. Nadie retiene un ternero o extiende un ciclo de engorde si cree que dentro de unos meses volverán las intervenciones.

Existencias por categoría

Existencias por categoría


El cambio recién empieza y todavía queda mucho camino por recorrer. La retención implica, en una primera etapa, menos oferta inmediata de hacienda, algo que puede sostener los valores del ganado. Sin embargo, ese proceso suele convertirse luego en un círculo virtuoso: más vientres, más terneros, más kilos producidos y una mayor disponibilidad de carne tanto para el consumo interno como para la exportación.

La gran diferencia es que esta vez el contexto internacional también juega a favor. La demanda mundial de proteínas continúa creciendo y Argentina dispone de uno de los rodeos con mejor genética del planeta. Si a eso se suma estabilidad macroeconómica y una política que acompañe en lugar de intervenir, la ganadería podría volver a ocupar el lugar estratégico que alguna vez tuvo dentro de la economía nacional.

Los feedlots están enviando una señal que va mucho más allá de un récord mensual. Están mostrando que el productor volvió a mirar el futuro con otra expectativa. Y en un país donde muchas veces las decisiones económicas se toman pensando en el corto plazo, que un productor decida dejar más tiempo un animal en el corral para producir más kilos es, quizás, uno de los indicadores de confianza más valiosos que puede mostrar el campo.

Porque el verdadero récord no son las existencias en los corrales. El verdadero cambio es que la ganadería argentina empieza, lentamente, a recuperar la confianza para volver a crecer.

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