Opinion

Edición génica y competitividad: la decisión que definirá el liderazgo agrícola latinoamericano

Mientras el mundo acelera la innovación, América Latina enfrenta una pregunta decisiva: ¿liderará la nueva revolución agrícola o llegará tarde?

Luis Ernesto Delgado
Redactor con base en EE.UU. que cubre mercados agrícolas, comercio agroalimentario y políticas públicas con foco internacional.

La discusión sobre la edición génica dejó de ser un debate exclusivo de laboratorios y centros de investigación para convertirse en una cuestión estratégica de desarrollo económico. Lo que está en juego no es únicamente la posibilidad de obtener cultivos más resistentes o productivos, sino la capacidad de América Latina para sostener su liderazgo en el comercio global de alimentos durante las próximas décadas.

La advertencia realizada por CropLife Latin America pone sobre la mesa una realidad que muchas veces queda relegada en la agenda pública: la agricultura regional enfrenta una combinación cada vez más compleja de cambio climático, presión sobre los recursos naturales, nuevas exigencias de los consumidores y una competencia internacional que avanza a gran velocidad.

En ese contexto, la edición génica aparece como una herramienta capaz de ofrecer respuestas concretas. Tecnologías como CRISPR-Cas9 permiten acelerar procesos de mejoramiento vegetal que tradicionalmente podían demandar años o incluso décadas. El objetivo no es crear una agricultura diferente, sino lograr de manera más eficiente aquello que productores e investigadores persiguen desde hace generaciones: mayor rendimiento, mejor adaptación ambiental y alimentos de mayor calidad. Sin embargo, el verdadero debate no gira alrededor de la tecnología. La discusión central es regulatoria y política.

El riesgo de quedarse atrás

Los países que lideren la adopción de innovaciones agrícolas serán también los que capten mayores inversiones, generen empleos de calidad y consoliden cadenas de valor más competitivas. Por el contrario, aquellos que mantengan marcos regulatorios ambiguos o excesivamente restrictivos podrían enfrentar una pérdida gradual de protagonismo en los mercados internacionales. América Latina posee una ventaja difícil de igualar: disponibilidad de recursos naturales, conocimiento agronómico, instituciones científicas reconocidas y una fuerte presencia en los principales flujos de exportaciones agroalimentarias del mundo. Pero esas fortalezas pueden erosionarse rápidamente si la región no logra construir reglas claras y previsibles para la innovación.

La experiencia de países como Argentina y Brasil, Chile, Perú, Costa Rica, Colombia, Mexico pioneros en el desarrollo de marcos regulatorios específicos para edición génica, demuestra que es posible avanzar con criterios científicos sin comprometer la seguridad ni la transparencia. La cuestión es si el resto de la región podrá acompañar ese proceso con la misma velocidad.

Existe además un aspecto que suele quedar fuera del debate público: la relación entre innovación y comercio internacional. Las diferencias regulatorias entre países pueden transformarse en barreras comerciales que afecten la circulación de productos agrícolas. Para una región cuya economía depende en gran medida de las exportaciones agropecuarias, la falta de armonización normativa puede generar incertidumbre, costos adicionales y pérdida de competitividad.

La situación adquiere mayor relevancia cuando se observa el crecimiento de la demanda global de alimentos. Organismos internacionales proyectan que la producción agrícola deberá aumentar significativamente durante las próximas décadas para abastecer a una población mundial en expansión. Al mismo tiempo, la sociedad exige una agricultura más sostenible, con menor impacto ambiental y una utilización más eficiente del agua, la energía y los insumos.

La ecuación parece clara: producir más con menos recursos. En ese escenario, la innovación biotecnológica deja de ser una opción para transformarse en una necesidad estratégica.

La región suele ser identificada como una gran proveedora de commodities agrícolas. Sin embargo, la edición génica abre la puerta a una nueva etapa basada en la generación de valor agregado, diferenciación de productos y desarrollo tecnológico propio. Cultivos con mejores perfiles nutricionales, resistencia a enfermedades, mayor vida útil o adaptados a condiciones climáticas extremas podrían convertirse en nuevas fuentes de ingresos para productores, empresas y economías regionales.

Más importante aún, América Latina cuenta con universidades, centros de investigación y recursos humanos capaces de participar activamente en esta transformación. El desafío consiste en generar las condiciones para que ese conocimiento se traduzca en innovación comercial y desarrollo económico.

El momento de decidir

La pregunta ya no es si la edición génica tendrá impacto sobre la agricultura mundial. La evidencia científica y las inversiones globales indican que ese proceso está en marcha. La verdadera incógnita es cuál será el lugar que ocupará América Latina en ese nuevo escenario.

La región puede consolidarse como un actor central de la agricultura del futuro, impulsando productividad, sustentabilidad, resiliencia climática y competitividad internacional. O puede resignarse a observar cómo otros desarrollan las tecnologías que luego deberá importar. Las decisiones regulatorias y estratégicas que se adopten durante los próximos años probablemente definan mucho más que el futuro de una herramienta biotecnológica. Definirán, en buena medida, el futuro económico del agro latinoamericano.

© AgroLatam. Todos los derechos reservados.
Esta nota habla de: