Opinion

El mapa global de la carne cambia y Sudamérica tiene una oportunidad que no puede desaprovechar

Los ajustes arancelarios de EE.UU., la prórroga de las salvaguardias en China y la retracción esperada de la oferta brasileña abren un ciclo distinto para la región. ¿Está Sudamérica lista para capitalizarlo?

Miguel Gularte
Miguel Gularte

En el negocio global de la carne, pocas veces se alinean tantas variables a favor de una región como hoy ocurre con Sudamérica. No se trata de euforia liviana ni de un entusiasmo cíclico: el diagnóstico que plantea Miguel Gularte, presidente de MBRF, invita a mirar el mapa global con otra perspectiva. "Vivimos un muy buen momento", afirma, y la frase, lejos de ser un comentario aislado, condensa una lectura profunda de lo que está ocurriendo en los grandes centros de consumo y decisión.

El primer punto de inflexión proviene de Estados Unidos. La marcha atrás en un arancel que combinaba un 40% adicional con la carga previa de 26,4% era, sencillamente, cuestión de supervivencia comercial. Con ese esquema, el negocio era "prácticamente inviable", como reconoce Gularte. El retorno al sistema de cuotas vuelve a poner a Brasil -y por extensión a la región- en un tablero donde EE.UU. nunca dejó de ser un jugador clave. Y hay otro dato no menor: el ciclo ganadero norteamericano está iniciando una etapa de retención, lo que anticipa menor oferta. Un mercado grande, con menos disponibilidad interna, siempre será una buena noticia para quien exporta.

Del otro lado del tablero aparece China, la X permanente en cualquier ecuación cárnica. La prórroga de las salvaguardias despeja parte de la incertidumbre, aunque Gularte advierte que el desafío recién empieza: en enero podría haber definiciones. Aun así, si las medidas se aplican "para todos por igual", la competitividad de Sudamérica no debería alterarse. La clave es simple: China compra volumen, y el volumen hoy está en Sudamérica. Por eso, el presidente de MBRF se anima incluso a augurar que finalmente no se apliquen las salvaguardias. No sería la primera vez que la macro real -la necesidad de proteína a precios razonables- se impone sobre la macro regulatoria.

En este escenario, Brasil vuelve a ser protagonista, aunque no por abundancia, sino por lo contrario: la faena elevada de 2024 y 2025 anticipa una menor oferta en 2026. Las elecciones -y el habitual "calentamiento" económico que generan- solo suman un factor más a la presión sobre el consumo interno. Un Brasil con menos oferta y con demanda firme es un cóctel que reconfigura el flujo de exportaciones regionales y abre ventanas para competidores directos.

Y si hablamos de aprovechar ventanas, Uruguay aparece con un perfil particular. Gularte lo describe como un país de "claridad comercial gigante", algo que la región mira con atención. Con inversiones recientes y capacidad instalada disponible, MBRF apunta a "extraer el máximo valor" de sus plantas, en un país donde la previsibilidad normativa es casi una marca registrada. La fórmula es sencilla: cuando la política no interfiere, la industria invierte; y cuando la industria invierte, la ganadería responde.

Más allá de las declaraciones, hay un hilo conductor que atraviesa todo el análisis: la demanda global va camino a superar a la oferta. Y ese fenómeno, cuando ocurre, nunca pasa desapercibido. Gularte lo resume con una frase tan técnica como contundente: "Cuando la demanda supera la oferta, siempre tenés buenas expectativas". Las señales del comercio internacional parecen confirmar esa tesis: Estados Unidos ajustando su ciclo, China en transición regulatoria pero sin abandonar su rol central, nuevos mercados que podrían abrirse y un 2026 que no será muy diferente a 2025... salvo por su creciente complejidad.

La pregunta, entonces, no es si Sudamérica está ante un buen momento. La pregunta es si sabrá capitalizar este momento. Porque la región tiene algo que el mundo necesita -proteína-, y tiene algo que el mundo no puede fabricar: capacidad natural de producción. Pero los ciclos favorables no son eternos. Aprovecharlos requiere política comercial inteligente, estabilidad interna y, sobre todo, visión estratégica.

En un mercado global cada vez más inestable, Sudamérica aparece, paradójicamente, como el ancla de previsibilidad. La oportunidad está servida. Dependerá de cada país -y de cada empresa- que esta vez no se nos escape.

Esta nota habla de: