Opinion

Europa abre la puerta al Mercosur y seis meses después le pone candado a la carne brasileña

Bruselas habla de libre comercio, pero cuando llega la competencia del campo sudamericano aparecen nuevas barreras.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

Hay una vieja frase en el comercio internacional que dice que los mercados son libres hasta que alguien empieza a competir de verdad. Lo que acaba de ocurrir entre la Unión Europea y Brasil parece confirmar esa teoría una vez más.

A menos de seis meses de la entrada en vigor del histórico acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, Bruselas decidió vetar el ingreso de carne vacuna brasileña argumentando supuestos incumplimientos vinculados al uso de antimicrobianos en la producción ganadera.

La medida todavía no entró en vigencia -lo hará el próximo 1 de septiembre-, pero el mensaje político ya fue enviado. Y no solamente a Brasil. También a la Argentina, Uruguay y Paraguay. Porque cuando Europa bloquea a la principal potencia agropecuaria de Sudamérica, en realidad está enviando una señal a todo el Mercosur.

El libre comercio europeo tiene condiciones

Durante más de dos décadas, los países del Mercosur negociaron un acuerdo que fue presentado como una oportunidad histórica para ampliar mercados, aumentar exportaciones y fortalecer los vínculos comerciales con una de las economías más importantes del planeta. Sin embargo, la realidad parece mucho más compleja que los discursos diplomáticos.

La sanción contra Brasil llega sin que se haya denunciado públicamente un caso concreto de contaminación, una alerta sanitaria o un problema específico en embarques de carne destinados al mercado europeo. La discusión se apoya en evaluaciones regulatorias y procedimientos administrativos elaborados dentro de la estructura de la Comisión Europea.

Y allí aparece una pregunta incómoda: ¿estamos frente a una medida sanitaria o frente a una barrera comercial disfrazada de exigencia técnica?

El enemigo que nunca desapareció

Muchos creyeron que la firma del acuerdo Mercosur-UE había desactivado la resistencia de los productores europeos.

Nada más lejos de la realidad.

El poderoso lobby agrícola europeo, especialmente el francés, sigue observando con preocupación el crecimiento de la agroindustria sudamericana.

Y los motivos son evidentes.

Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay producen alimentos con niveles de eficiencia que en muchos casos superan a los europeos. Lo hacen con menores costos, grandes escalas productivas y una enorme capacidad de innovación tecnológica. Para buena parte de los agricultores europeos, esa competencia representa una amenaza directa.

Por eso cada avance comercial suele venir acompañado por nuevas exigencias ambientales, sanitarias o regulatorias que terminan funcionando como barreras de acceso. La historia reciente está llena de ejemplos: trazabilidad, deforestación, huella de carbono, bienestar animal y ahora el uso de antimicrobianos.

Ninguno de estos temas es irrelevante. Todos merecen ser discutidos. El problema aparece cuando las reglas cambian permanentemente y siempre afectan a los mismos jugadores.

Argentina debería tomar nota

Aunque la sanción apunta hoy contra Brasil, sería ingenuo pensar que la situación no involucra a la Argentina.

De hecho, el verdadero debate no es la carne brasileña.

El verdadero debate es si Europa está dispuesta a aceptar una competencia genuina de los países que integran el Mercosur. Si mañana Bruselas considera insuficiente algún protocolo argentino, el mecanismo podría repetirse con una facilidad sorprendente.

La experiencia demuestra que las barreras paraarancelarias tienen una ventaja para quienes las utilizan: son mucho más difíciles de cuestionar que un arancel tradicional. Se presentan bajo argumentos técnicos, ambientales o sanitarios y suelen estar respaldadas por extensos informes burocráticos imposibles de discutir en igualdad de condiciones.

Más allá de Brasil

Las autoridades brasileñas estiman que la medida podría provocar pérdidas superiores a 2.000 millones de dólares anuales en exportaciones de carne vacuna.

Pero el impacto económico es apenas una parte de la historia.

Lo verdaderamente preocupante es la señal institucional que deja este episodio.

Si un acuerdo comercial negociado durante veinte años puede encontrar obstáculos tan importantes apenas seis meses después de entrar en vigor, es razonable preguntarse cuál será el futuro de los compromisos asumidos.

La credibilidad también forma parte del comercio internacional.

Y cuando las reglas parecen modificarse después de firmado el contrato, la confianza empieza a deteriorarse.

El desafío del Mercosur

La agroindustria sudamericana tiene una oportunidad histórica frente a un mundo que demanda más proteínas, más alimentos y más seguridad alimentaria.

Pero para aprovecharla necesita algo más que acuerdos comerciales.

Necesita previsibilidad.

Europa tiene derecho a exigir estándares sanitarios rigurosos. Nadie discute eso.

Lo que resulta más difícil de aceptar es que esas exigencias aparezcan siempre cuando la competitividad del agro sudamericano empieza a incomodar a determinados sectores políticos y productivos del Viejo Continente.

La ironía es evidente.

Europa promovió durante años la apertura comercial con el Mercosur. Ahora que el acuerdo comenzó a caminar, parece más preocupada por poner condiciones que por abrir mercados.

Y esa quizás sea la principal lección para la Argentina.

En el comercio internacional las firmas son importantes.

Pero las verdaderas pruebas empiezan después de la foto.

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