100 días de guerra: los factores que están rediseñando el mercado global de fertilizantes y su impacto en la campaña 2026/27
A más de 100 días del conflicto, los fertilizantes redefinen costos, márgenes y estrategias para la próxima campaña agrícola.
Tras más de 100 días desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, el mercado global de fertilizantes muestra transformaciones significativas. Si bien las tensiones geopolíticas continúan generando preocupación por la disponibilidad de insumos y el aumento de los costos logísticos, las exportaciones de China y la demanda de India han ganado protagonismo en la formación de precios durante las últimas semanas, período en el que la urea registró una fuerte caída.
Sin embargo, los productores agrícolas continúan enfrentando el desafío de equilibrar márgenes más ajustados, especialmente en el cultivo de soja, en un contexto marcado por incertidumbres climáticas asociadas a la posible llegada de El Niño y por elevados costos de producción impulsados por los fertilizantes fosfatados. Esta combinación podría derivar en una menor inversión tecnológica y eventuales pérdidas de productividad.
Los nitrogenados caen y alivian parcialmente los costos de producción
Entre los principales movimientos del mercado se destaca la caída de los precios de la urea, impulsada por una combinación de factores bajistas. Entre ellos sobresalen el incremento de las exportaciones chinas, favorecidas por la liberación de nuevos volúmenes dentro de sus cuotas comerciales, y la estacionalidad propia del mercado tras la finalización de las compras del Hemisferio Norte.
A esto se suma una menor demanda de los principales compradores globales -con excepción de India, cuyo mercado continúa fuertemente subsidiado-, lo que contribuyó a reducir la presión sobre las cotizaciones y mejorar gradualmente las relaciones de intercambio.
En Brasil, el precio de la urea volvió a niveles previos al conflicto, con una caída cercana a los US$ 200 por tonelada en apenas un mes. La relación de intercambio entre maíz y urea mejoró aproximadamente en 20 bolsas respecto de comienzos de mayo. No obstante, el indicador sigue por encima del promedio histórico y significativamente superior al registrado en el mismo período del año pasado.
En este escenario, la cautela continúa predominando entre los productores, aunque la mejora reciente y la proximidad de las siembras comienzan a poner en agenda las compras para la campaña 2026/27, con el objetivo de reducir la exposición a futuros riesgos logísticos y nuevas fluctuaciones de precios.
Sulfato de amonio: una alternativa que gana terreno
El sulfato de amonio continúa siendo la fuente con mejor costo por unidad de nitrógeno. Sin embargo, la diferencia frente a la urea se redujo considerablemente tras la reciente caída de esta última, obligando a realizar análisis más precisos sobre el costo real del nutriente y su adecuación agronómica según cada sistema productivo.
La mayor disponibilidad del producto en el mercado interno refuerza esta tendencia. Entre enero y mayo se importaron cerca de 2 millones de toneladas de sulfato de amonio, volumen 15% superior al registrado en igual período del año anterior.
Por el contrario, las importaciones de urea alcanzaron apenas 1,58 millones de toneladas, el nivel más bajo de los últimos años y un 25% inferior al registrado entre enero y mayo de 2025.
Los fosfatados siguen siendo el principal cuello de botella
Si los fertilizantes nitrogenados aportaron cierto alivio, los fosfatados continúan enfrentando severas restricciones de oferta, manteniendo los precios en niveles elevados.
Uno de los factores más relevantes es la limitada disponibilidad de azufre, materia prima esencial para la producción de fertilizantes fosfatados. Actualmente, alrededor del 45% del volumen global se exporta a través del Estrecho de Ormuz, una región especialmente sensible a las tensiones geopolíticas.
La situación se agrava por el crecimiento de la demanda de ácido fosfórico destinado a la fabricación de baterías para vehículos eléctricos, lo que incorpora un componente estructural adicional de presión sobre las cotizaciones.
Además, aunque China flexibilizó parcialmente las exportaciones de fertilizantes nitrogenados, mantiene restricciones para los fosfatados y enfrenta dificultades productivas derivadas precisamente de la escasez de azufre.
Como resultado, los precios del MAP (fosfato monoamónico) y sus sustitutos permanecen elevados, generando relaciones de intercambio históricamente desfavorables. En junio de este año se requieren aproximadamente 10 bolsas adicionales de soja para adquirir una tonelada de MAP en comparación con igual período de 2025.
Potasio: estabilidad y mayor previsibilidad
En contraste con la volatilidad observada en los mercados de nitrógeno y fósforo, los fertilizantes potásicos se mantuvieron relativamente estables, con una oferta consistente y una demanda sostenida.
Esta situación brindó mayor previsibilidad a los productores y permitió adelantar compras estratégicas. Entre enero y mayo, Brasil importó 5,8 millones de toneladas de cloruro de potasio (KCl), volumen 8% superior al registrado en el mismo período del año pasado.
Si bien los precios actuales son más altos que los observados en 2025, las relaciones de intercambio resultan considerablemente más favorables que las registradas para otros nutrientes.
Impactos y estrategias para la campaña 2026/27
Ante el fuerte impacto de los fertilizantes fosfatados sobre los costos de producción, se espera una reducción en las dosis aplicadas durante la próxima campaña. Paralelamente, se observa una creciente utilización de fuentes con menor concentración nutricional como alternativa económica frente a los fertilizantes tradicionalmente utilizados.
En este contexto, cada productor deberá evaluar cuidadosamente los ajustes posibles dentro de su sistema productivo. Herramientas como el análisis de suelo, el manejo localizado de nutrientes, la correcta selección de fuentes y una evaluación rigurosa del costo-beneficio serán fundamentales para maximizar la rentabilidad.
Otro aspecto clave será la logística. El incremento de los costos de transporte y los riesgos asociados a demoras en las entregas podrían generar nuevos desafíos para quienes posterguen la toma de decisiones.
Por ello, una estrategia eficiente deberá contemplar no solo el precio de los fertilizantes y las características de cada nutriente, sino también los riesgos climáticos, logísticos y productivos que podrían afectar la campaña 2026/27.
Maísa Romanello
Especialista en Inteligencia de Mercado - Fertilizantes
Safras & Mercado
Nota de la Redacción: Este artículo fue elaborado originalmente en idioma portugués por Maísa Romanello. La presente versión en español fue traducida y adaptada periodísticamente por el equipo de redacción de AgroLatam.com, respetando el contenido técnico y el sentido original del análisis.

