Opinión

Alimentos y poder: la nueva geopolítica que redefine al agro

La guerra en Medio Oriente expone que los alimentos ya son un recurso estratégico global y obliga al Mercosur a repensar su rol.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

Los alimentos dejaron de ser solo producción: hoy son poder. Y la guerra en Medio Oriente lo está dejando en evidencia más rápido de lo que el agro venía procesando.

El conflicto volvió a tensionar la energía, los fertilizantes y la logística global, pero sobre todo expuso algo más profundo: la seguridad alimentaria pasó a ser un eje central de la geopolítica.

No es casual. Por el estrecho de Ormuz circula cerca del 20% del petróleo mundial y una parte clave del comercio de nutrientes agrícolas. Cuando ese flujo se altera, el impacto no tarda en llegar al campo.

El resultado es conocido: suben los costos, se tensionan las cadenas de suministro y la producción entra en una zona de mayor incertidumbre.

Pero lo más relevante no está solo en los precios.

Lo que empieza a consolidarse es un cambio estructural: los alimentos se están transformando en un recurso estratégico, al mismo nivel que la energía.

Y eso cambia las reglas del juego.

Hoy el mundo se ordena en tres grandes polos: Asia como demanda, África como reserva de tierra y América como proveedor. En ese mapa, el Mercosur -y especialmente la Argentina- ocupa un lugar privilegiado.

Pero también incómodo.

Porque ser proveedor ya no alcanza.

La dependencia de los fertilizantes, especialmente los nitrogenados, muestra una debilidad estructural. Y al mismo tiempo, la competencia global empieza a correrse hacia otro terreno: la tecnología.

La discusión ya no es solo quién produce más, sino quién produce mejor.

La biotecnología, la inteligencia artificial, la agricultura de precisión y la bioeconomía están redefiniendo la productividad y la competitividad.

Y lo van a hacer más rápido de lo que creemos.

Se proyecta que en los próximos 25 años los cambios en la agricultura serán más profundos que en los últimos 10.000. No es una exageración: es una señal.

En ese escenario, el riesgo para la Argentina no es quedarse sin lugar, sino quedar relegada.

Porque el país tiene recursos naturales, conocimiento técnico y una posición estratégica dentro del comercio global de alimentos. Pero necesita dar el salto en tecnificación, escala e integración.

El mundo va a demandar más alimentos. Eso es indiscutible. Pero también va a exigir eficiencia, trazabilidad y valor agregado.

Y ahí es donde se define quién lidera y quién acompaña.

El agro argentino no enfrenta solo un cambio de precios. Enfrenta un cambio de era.

La decisión es clara: seguir siendo el granero o transformarse en protagonista de la agricultura del futuro.

Porque esta vez, la batalla no es solo por producir alimentos.

Es por el poder de producirlos mejor.

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