Opinion

Guerra y alimentos: el costo oculto que amenaza al agro global y golpea a América Latina

Mientras Medio Oriente y Ucrania tensan la geopolítica mundial, el agro enfrenta una amenaza silenciosa: menos inversión, más costos y una nueva disputa global por los alimentos.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

La escalada bélica entre Israel e Irán, sumada a la persistencia de la guerra entre Rusia y Ucrania, aceleró en mayo de 2026 un proceso que preocupa a organismos internacionales, gobiernos y mercados: el desplazamiento de recursos desde la producción y la sostenibilidad agrícola hacia la defensa y la gestión de crisis. El impacto ya se refleja en los precios de fertilizantes, la logística global, el comercio de granos y la seguridad alimentaria. Y para países exportadores como la Argentina, Brasil o Uruguay, el nuevo escenario combina oportunidades de precios con riesgos crecientes de volatilidad y pérdida de competitividad.

Guerra y alimentos: el costo oculto que amenaza al agro global y golpea a América Latina

El agro mundial entra en una economía de guerra silenciosa

Durante años, el sistema agroalimentario global estuvo enfocado en conceptos como sustentabilidad, resiliencia climática, agricultura regenerativa y transición energética. Sin embargo, la profundización de los conflictos en Medio Oriente y Europa del Este comenzó a modificar las prioridades globales.

La guerra regional abierta entre Israel e Irán transformó al Estrecho de Ormuz en uno de los principales focos de tensión para el comercio internacional. Por esa vía marítima circula una parte clave de la energía y de los insumos estratégicos que utiliza el agro mundial. La consecuencia fue inmediata: subas abruptas en los costos logísticos, presión sobre los combustibles y una nueva escalada en los fertilizantes.

La urea, uno de los principales nutrientes utilizados en agricultura, alcanzó los US$ 725,6 por tonelada hacia fines de marzo, con una suba mensual superior al 53%. El mercado reaccionó ante el temor de interrupciones en el suministro global, especialmente para países altamente dependientes de importaciones, como Brasil.

Pero el verdadero problema no es solamente el precio. El punto más delicado es que el mundo empieza a reorganizar sus prioridades presupuestarias bajo una lógica de seguridad y defensa. Y allí el agro queda atrapado en una tensión incómoda: producir más alimentos con menos recursos destinados a innovación, investigación y desarrollo rural.

Guerra y alimentos: el costo oculto que amenaza al agro global y golpea a América Latina

Menos sostenibilidad, más defensa: el nuevo mapa de prioridades globales

Europa se convirtió en el ejemplo más visible de esta transformación. Según datos de organismos internacionales vinculados a defensa y seguridad estratégica, el gasto militar europeo creció de forma acelerada desde 2024.

Alemania incrementó sus partidas militares cerca de un 24%, España alrededor de un 50%, mientras que Polonia, Estonia y Lituania reforzaron fuertemente sus presupuestos ante la tensión con Rusia.

El problema para el agro es indirecto, pero profundo. Cada vez más fondos públicos y multilaterales que antes estaban vinculados a investigación agropecuaria, adaptación climática, innovación tecnológica, desarrollo rural o protección ambiental empiezan a ser absorbidos por defensa, infraestructura crítica y seguridad energética.

La consecuencia podría sentirse durante años. Menos inversión en ciencia agrícola implica menor velocidad para desarrollar semillas adaptadas al clima, nuevas tecnologías biológicas, sistemas de riego eficientes o soluciones para mejorar productividad con menor impacto ambiental.

En paralelo, organismos humanitarios y agencias internacionales ya advierten que millones de personas adicionales podrían caer en situaciones de inseguridad alimentaria severa o incluso riesgo de hambruna si continúan escalando los conflictos.

La combinación de guerras prolongadas, inflación de alimentos y deterioro logístico está redefiniendo el concepto de seguridad alimentaria mundial. Ya no se trata únicamente de producir alimentos. Ahora el desafío es garantizar acceso, estabilidad de abastecimiento y capacidad financiera para sostener importaciones estratégicas.

América Latina gana precios, pero también queda más expuesta

Para América Latina, el nuevo escenario abre una paradoja compleja. Por un lado, la tensión geopolítica suele impulsar los precios internacionales de commodities agrícolas como soja, maíz, trigo y aceites vegetales. Eso mejora temporalmente el ingreso de divisas para países exportadores.

Sin embargo, el beneficio puede diluirse rápidamente por el otro lado de la ecuación: mayores costos de fertilizantes, presión sobre el transporte marítimo, suba del crédito internacional y volatilidad cambiaria.

La Argentina aparece especialmente condicionada por esa dualidad. El país podría aprovechar mejores precios internacionales en granos y proteínas animales, pero enfrenta limitaciones estructurales vinculadas a inestabilidad macroeconómica, presión impositiva, costos logísticos elevados y restricciones financieras.

Brasil, pese a su escala exportadora, también enfrenta vulnerabilidades por su fuerte dependencia de fertilizantes importados. Y en mercados más pequeños de América Latina, el impacto sobre costos productivos puede traducirse directamente en menor inversión y pérdida de competitividad.

En este contexto, el agro deja de depender exclusivamente del clima o de la demanda internacional. La nueva variable decisiva pasa a ser la geopolítica.

Los conflictos en Medio Oriente y Ucrania ya no son acontecimientos lejanos para el productor agrícola. Hoy influyen directamente sobre el precio del fertilizante que compra un agricultor en Córdoba, el costo logístico de una exportación en Rosario o la capacidad de financiamiento de una empresa agroindustrial en Brasil.

La gran discusión global que comienza a emerger es otra: cuánto tiempo podrá sostenerse un sistema alimentario mundial eficiente si los recursos estratégicos dejan de orientarse al desarrollo y pasan crecientemente a financiar conflictos.

Esta nota fue escrita siguiendo lineamientos de Daniel Werner. director del Departamento de Relaciones Exteriores de Israel y ahora consultor privado

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