Manuel Otero deja el IICA, con nueva narrativa y apertura gobal
El ciclo queda marcado por diplomacia activa, modernización técnica, apertura institucional y la apuesta de ser y parecer "parte de la solución
En 8 años, el Instituto Intermericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) pasó a ser un organismo más presente, visible, eficaz y humano . Atrás quedó ese discreto perfil técnico, de lenguaje institucional acartonado, para dar paso a un instituto capaz de plantarse en foros globales, disputar narrativas mambientales extremas, defender al productor rural y abrirse a la sociedad.
Ese es el legado que dejará Manuel Otero el 15 de enero cuando entregue al guyanés Muhammad Ibrahim el cargo y el desafío de profundizar esa agenda en un contexto geopolítico convulsionado.
"Más solucionática, menos problemática", fue una de las frases que repitió durante su mandato como brújula de gestión. Y eso explica tanto su estilo personal como las transformaciones estructurales que reivindica.
El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura nació en 1942 y reúne a 34 países de las Américas. Es la agencia especializada del sistema interamericano para la agricultura y el desarrollo rural. Desde la cooperación técnica hasta la diplomacia agrícola, su misión es fortalecer las capacidades estatales, la innovación, el comercio y la resiliencia productiva . Durante años fue un actor respetado, pero de bajo perfil político. Otero, que asumió en 2018, se propuso sacarlo de esa zona periférica de confort
Uno de sus sellos distintivos fue el vínculo con los productores . Su consigna - "no hay agricultura sin agricultores" - se erigió en el centro de su filosofía institucional. El IICA dejó de hablar únicamente a ministros y técnicos y empezó a hacerlo a jóvenes rurales, cooperativas, productores, emprendedores, periodistas y escuelas.
Nada simboliza mejor ese giro que los "Líderes de la Ruralidad de las Américas" , una distinción con la que el organismo busca visibilizar a personas comunes del campo que cumplen un doble rol: garantizar la seguridad alimentaria y custodiar la biodiversidad . En Argentina, nombres como Patricia Gorza, Andrea Izzo Capella, Milagros Paulón, José Muñoz, Alina Ruiz o el naturalista Claudio Bertonatti sintetizan ese enfoque: ponerle cara a historias de resiliencia y futuro del agro.
Esa decisión, que algunos comparan con el estilo pastoral de su compatriota Papa Francisco ayudó a descontracturar el organismo. Otero quiso que la institución bajara al territorio, escuchara, caminara, y mostrara otro rostro: "un IICA de puertas abiertas".
La política en el centro: reposicionamiento y diplomacia agrícola
Quizás su mayor capital político fue lograr la confianza pluri-deológica desde un abanico de países atravesados por geografías, lenguas, culturas e ideologías que pocas veces se alinean. Otero logró algo inusual en tiempos de grietas: construir consensos operativos.
El otro eje fue la diplomacia activa. El IICA entró en debates globales -donde la agricultura solía ser acusada más que escuchada- para defender con evidencia que el agro es parte de la solución y no del problema. Bajo su gestión, el instituto ayudó a instalar una narrativa que más tarde adoptaron cancillerías, ministerios y think tanks. "América es un actor indispensable para alimentar, descarbonizar y estabilizar al planeta", remarcó Otero en cada foro que le tocó participar.
El argentino convirtió a la cooperación técnica en un vector visible. Del laboratorio al territorio: agricultura digital, biotecnología, resiliencia climática, sanidad agropecuaria, bioeconomía, desarrollo territorial y empoderamiento a jóvenes y mujeres.
Conceptos como "agricultura regenerativa", "suelos vivos", agricultura de precisión y bioeconomía circular ya no son ideas de papers académicos sino políticas regionales a las que el IICA dio estructura técnica.
Respecto a la gestión administrativa, Otero hace gala de otro dato: "siete auditorías externas consecutivas con cero observaciones". Se enorgullece de haber "hecho más con menos" simplificando procesos, reduciendo costos y dejando "reservas estratégicas históricas" para un organismo que debe navegar por la incertidumbre económica. Justamente, ese orden administrativo le dio - implícitamente- poder político frente a donantes internacionales.
Pero no sólo se acercó a gobiernos, políticos y funcionarios, también al sector privado y tendió puentes entre ambos, en tiempos de grietas y discursos extremos. Otero defendió con fuerza un paradigma: "La próxima revolución será resultado de alianzas público-privadas". Empresas, ministerios, redes rurales, universidades y organismos multilaterales empezaron a integrarse en programas conjuntos de innovación tecnológica y fortalecimiento territorial.
La lógica es simple: la política pública sin sector privado no escala; el sector privado sin Estado pierde legitimidad social.
"Nueva narrativa de la agricultura": es el aporte conceptual que trascenderá su gestión. Si hubiera que elegir la construcción simbólica más potente de su gestión, sería esta. Otero entendió que la disputa principal era por el sentido: el agro ya no podía hablar solo de productividad, sino de bienestar, carbono, agua, biodiversidad, alimentación, sustentabilidad, mujeres, juventud y paz.
La "nueva narrativa" del IICA parte de ideas clave:
- La agricultura es ciencia, no romanticismo rural.
- Los productores son gestores ambientales y sociales.
- El campo puede ser inclusión, derechos, dignidad y talento joven.
- América es el epicentro global de la agricultura sostenible.
- Si la agricultura no se cuenta, otros la contarán por ella.
Manuel Otero es presentado por Guido Nejamkis, el responable de la comunicación del IICA (en el atril de la izquierda), en un panel reciente donde participó el consultor Marcelo Regúnaga.
De allí surgió un IICA dispuesto a comunicar. Fuerte presencia mediática, agenda propia en la COP (conferencia sobre el cambio climático), sala para periodistas agrícolas, campañas de comunicación, visitantes recorriendo su campus, fueron parte de la nueva impronta.
La transición: continuidad y nueva etapa
El 15 de enero de 2026 asumirá Muhammad Ibrahim, un prestigioso técnico oriundo de Guyanas, quien trabajó tres décadas junto a Otero. Esa cercanía garantiza una transición ordenada y sin disputas.
De perfil más técnico y menos político que su predecesor, Ibrahim mantiene la continuidad conceptual -modernización, resiliencia, jóvenes, suelos vivos- pero sabe que también debe dejar su sello. "El Director General (Manuel Otero) deja una línea base muy alta. ¿Cuál es mi propuesta de valor para avanzar?", se pregunta Ibrahim. Se presume que su impronta será más metodológica y gerencial, con foco en gobernanza, cooperación técnica y financiamiento sostenible.
Muhammad Ibrahim asumirá el 15 de enero de 2026 como director general del Instituto Interamericano de Cooperación para Agricultura (Foto: Federico Ríos).
El IICA en un tablero geopolítico turbulento
En el radar del IICA la Argentina está identificada como faro tecnológico de la agricultura moderna: alta eficiencia productiva, baja huella ambiental y ecosistema de innovación exportable.
En un contexto geopolítico con tres ejes:
La tensión China-Estados Unidos que impacta sobre el comercio y los temas de carbono y estándares agrícolas.
Brasil como jugador creciente en biotecnología, proteína animal y diplomacia agrícola.
América Latina como proveedor global de alimentos y energía verde.
En su despedida, Manuel Otero advierte que "en tiempos de polarización global y tensiones comerciales, la agricultura sigue siendo uno de los últimos paradigmas capaces de unir a los países".
"El IICA debe actuar con pragmatismo y desideologizar el debate", dice. Y recuerda que "naciones enfrentadas políticamente logran coincidir cuando se trata de seguridad alimentaria, comercio, ciencia, bioeconomía o jóvenes y mujeres rurales".
Y ese puede ser el legado más importante que reciba Ibrahim: recordar que el IICA no solo genera proyectos; también debe producir encuentros.
Claves del legado de Manuel Otero
- Reposicionamiento internacional del IICA.
- Diplomacia agrícola con voz propia Nueva narrativa pública de la agricultura.
- Institución más abierta, humana y accesible.
- Cooperación técnica visible y aplicada.
- Reservas financieras y eficiencia administrativa.
- Puentes público-privados como política.
- Formación y empoderamiento de jóvenes rurales.
Ibrahim, el heredero con misión propia
- Muhammad Ibrahim asumirá el 15 de enero de 2026.
- Ex Director de Cooperación Técnica, conoce la casa desde adentro y promete continuidad pragmática.
- Su desafío será convertir productos ambiciosos en hechos concretos: consolidar lo construido, ampliar alianzas financieras y sostener la presencia del agro en espacios como la ONU, la COP y las principales instancias de negociación internacional.

