Opinion

Mercosur y Pacífico: otra oportunidad histórica que el campo no puede dejar pasar

El agro produce para el mundo, pero sigue vendiendo con desventaja

Ignacio Rivero
Periodista especializado en agroindustria del Cono Sur. Analiza políticas públicas, mercados, infraestructura y cadenas de valor del sector agroalimentario.

Mientras el debate político y económico en la región suele concentrarse en el corto plazo, hay decisiones estratégicas que pueden definir el futuro de las próximas décadas. Una de ellas es la relación del Mercosur con el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), el bloque comercial que reúne a algunas de las economías más dinámicas del planeta.

La discusión parece técnica y lejana, pero tiene consecuencias directas para los productores, exportadores y toda la cadena de valor agroindustrial. En términos simples, el Mercosur vende alimentos, energía y materias primas a muchos de los países que integran el CPTPP, pero lo hace pagando aranceles más altos que sus competidores. Es decir, llega a los mismos mercados, pero con menos ventajas.

Y en el comercio internacional, las diferencias de unos pocos puntos porcentuales pueden significar millones de dólares en exportaciones perdidas.

Los números son contundentes. Mientras un exportador australiano de carne vacuna puede ingresar a Japón con arancel cero gracias a los acuerdos comerciales vigentes, la carne argentina enfrenta gravámenes que llegan al 38,5%. Algo similar ocurre con productos estratégicos como el pollo, la soja, el maíz, el trigo, los aceites y las harinas.

La consecuencia es evidente: el Mercosur compite en mercados donde otros jugadores parten con ventaja.

Paradójicamente, el bloque ya mantiene una relación comercial intensa con los países del CPTPP. En 2024 exportó cerca de 68.000 millones de dólares a esas naciones y logró un saldo positivo. Sin embargo, ese desempeño se consiguió a pesar de las barreras comerciales existentes.

La pregunta es inevitable: ¿cuánto más podría exportar la región si jugara con las mismas reglas que sus competidores?

La geopolítica global está cambiando a una velocidad pocas veces vista. La seguridad alimentaria, la transición energética y la necesidad de diversificar proveedores están modificando las prioridades de las principales economías.

En ese contexto, el Mercosur posee activos que hoy son altamente valorados: proteínas animales, granos, agua dulce, minerales estratégicos y estabilidad geopolítica.

El problema es que tener recursos no garantiza desarrollo. La historia económica latinoamericana está llena de oportunidades desaprovechadas por falta de visión estratégica, coordinación regional o marcos regulatorios adecuados.

Por eso la discusión sobre una eventual convergencia con el CPTPP trasciende el comercio exterior. Se trata de definir qué lugar quiere ocupar la región en la economía global de las próximas décadas.

La integración con el bloque transpacífico aparece como una alternativa lógica, pero no necesariamente sencilla.

Las diferencias entre los socios del Mercosur han dificultado históricamente la construcción de una agenda común de inserción internacional. Mientras algunos países buscan acelerar acuerdos comerciales, otros priorizan mecanismos de protección para determinados sectores productivos.

La adhesión plena del Mercosur al CPTPP parece hoy un objetivo complejo. Sin embargo, existen caminos intermedios que podrían acercar posiciones.

La armonización de normas sanitarias, la facilitación del comercio, la cooperación en inversiones y el desarrollo del comercio digital aparecen como pasos concretos que permitirían reducir la brecha competitiva sin necesidad de una integración inmediata.

Lo importante es comprender que la inacción también tiene costos.

Para la agroindustria argentina, abrir mercados sigue siendo una de las principales herramientas para generar crecimiento genuino.

La experiencia demuestra que cada vez que la producción encuentra nuevos destinos comerciales, aumentan las inversiones, mejora la competitividad y se fortalece el empleo a lo largo de toda la cadena.

Por el contrario, cuando los mercados se cierran o se restringen, la rentabilidad se reduce y las oportunidades se trasladan hacia otros países.

El productor argentino ya compite contra el clima, la volatilidad económica, los costos logísticos y una elevada presión tributaria. Sumar desventajas arancelarias frente a competidores directos no parece una estrategia sostenible.

Quizás el principal desafío sea construir una política de inserción internacional que sobreviva a los cambios de administración y a los ciclos electorales.

El Mercosur enfrenta una oportunidad singular. El mundo demanda alimentos, energía y materias primas; Asia continúa siendo el motor del crecimiento global; y los países del Pacífico buscan proveedores confiables.

Las condiciones están dadas.

Lo que todavía falta es una visión compartida capaz de transformar esa oportunidad en una estrategia de largo plazo.

Porque si algo enseña la historia económica de la región es que las oportunidades no esperan para siempre. Y cuando se dejan pasar, suelen tardar décadas en volver.

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