Petróleo, pesticidas y aranceles: la tormenta que amenaza con encarecer el agro
El alza del petróleo por el conflicto con Irán amenaza con encarecer los agroquímicos. A la incertidumbre se suma la política arancelaria de Donald Trump.
El 23 de julio de 2026, la escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a impulsar con fuerza el precio internacional del petróleo y renovó el temor a un encarecimiento de los pesticidas durante los próximos meses. La advertencia fue planteada por Capital 360 ONE, que vinculó el aumento del crudo con mayores costos para la industria química. El riesgo importa porque numerosos principios activos, solventes, envases, combustibles y procesos logísticos dependen directa o indirectamente de la energía fósil. Para los productores, especialmente en América Latina, la consecuencia podría traducirse en una nueva presión sobre márgenes que ya enfrentan volatilidad cambiaria, costos financieros elevados y precios agrícolas inestables.
La situación incluso avanzó más rápido que los números iniciales del informe. Durante la jornada del jueves, el Brent superó los US$100 por barril, impulsado por ataques contra buques petroleros saudíes, las tensiones en rutas estratégicas del Mar Rojo y el temor a nuevas interrupciones del suministro. El salto confirma que el mercado energético no está reaccionando solamente a la oferta disponible, sino también al riesgo geopolítico y al costo de asegurar, transportar y desviar cargamentos. Cuando el crudo sube con esta velocidad, la transmisión hacia la industria agroquímica no suele ser inmediata, pero termina apareciendo en materias primas, fletes marítimos, producción industrial y distribución.
El reporte ofrece, sin embargo, una aparente contradicción. Durante el primer semestre de 2026, la producción china de pesticidas aumentó un 11% interanual, generando una oferta abundante de productos genéricos que ayudó a contener los precios internacionales. Al mismo tiempo, la producción mensual perdió impulso y varios insumos químicos básicos mostraron retrocesos. El ácido sulfúrico, por ejemplo, se vio afectado por la escasez de azufre vinculada con el conflicto regional, mientras que también disminuyeron la producción de mineral de fosfato, sosa cáustica y fibras sintéticas. En otras palabras, hoy existe más disponibilidad de pesticidas terminados, pero comienza a deteriorarse la base industrial que sostiene su fabricación.
Ese equilibrio es frágil. La abundancia de genéricos chinos puede amortiguar temporalmente el aumento de los costos, pero difícilmente pueda neutralizar durante mucho tiempo un petróleo sostenido por encima de los US$90 o US$100. Las empresas pueden reducir márgenes, optimizar inventarios o trasladar solo una parte del incremento a los clientes, pero ninguna cadena productiva absorbe indefinidamente una suba simultánea de energía, materias primas, transporte y seguros. El verdadero interrogante no es si aparecerá una presión alcista, sino cuándo llegará al distribuidor y en qué proporción terminará pagando el productor.
La incógnita Trump puede sumar otra capa de costos e incertidumbre
A esta tensión energética se agrega una variable todavía difícil de calcular: la política arancelaria de Donald Trump. La administración estadounidense avanza con nuevas investigaciones y mecanismos comerciales después de los cuestionamientos judiciales a parte de los aranceles aplicados durante 2025. Un gravamen global transitorio del 10% se acerca a su vencimiento, mientras Washington prepara medidas bajo la Sección 301 contra distintos socios comerciales. Brasil ya fue alcanzado por aranceles sobre determinados productos y otras economías permanecen bajo revisión. El resultado final todavía no está definido y, precisamente por eso, las cadenas de suministro operan con mayor incertidumbre.
Cuando se conozca en qué porcentajes y sobre qué productos quedará finalmente el esquema arancelario de Trump, será posible dimensionar con mayor precisión su impacto sobre los agroquímicos. Si las medidas alcanzan principios activos, intermediarios químicos, envases, maquinaria o productos formulados provenientes de China y otros centros industriales, los importadores estadounidenses podrían enfrentar mayores costos. Una parte podría trasladarse al productor local y otra alterar los flujos comerciales globales, desplazando mercadería hacia América Latina o encareciendo los productos disponibles por cambios en la demanda, el origen y la logística.
Para la región, el efecto no sería uniforme. Los países con mayor dependencia de agroquímicos importados, monedas débiles o infraestructura costosa sufrirían más. Otros podrían beneficiarse temporalmente de una mayor oferta china desviada desde Estados Unidos. Sin embargo, esa oportunidad tendría límites si el precio del petróleo continúa elevado o si aparecen represalias comerciales. Un pesticida más barato en origen no necesariamente será más económico en el campo cuando suben el flete, los seguros, el financiamiento y el costo del dólar.
El agro se encuentra así ante una combinación incómoda: geopolítica, energía y proteccionismo comercial actuando al mismo tiempo. La oferta china de genéricos todavía contiene parte de la inflación, pero el margen de protección se reduce. Si el conflicto con Irán continúa, el crudo se mantiene cerca o por encima de los US$100 y Estados Unidos endurece sus aranceles, los pesticidas podrían convertirse en una nueva fuente de presión sobre los costos de producción durante la próxima campaña.
La discusión no debería limitarse a esperar una lista de precios. Distribuidores, cooperativas y productores necesitan revisar inventarios, condiciones de compra, alternativas técnicas y estrategias de manejo integrado. Los gobiernos, por su parte, deberán evitar respuestas improvisadas que agreguen más impuestos o trabas a insumos esenciales. El precio futuro de los pesticidas no dependerá únicamente de cuánto produzca China: también se decidirá en los estrechos petroleros de Medio Oriente y en los despachos comerciales de Washington.

