Opinion

En el país del asado, el pollo ya le ganó a la carne vacuna en la mesa de los argentinos.

Quién lo hubiera imaginado: en la tierra del asado, la milanesa de pollo manda más que la parrilla.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

Hubo una época en la que hablar de Argentina era hablar de carne vacuna, de asado, de parrillas llenas y de un consumo que era motivo de orgullo nacional. Sin embargo, los números empiezan a contar otra historia. Una historia silenciosa, pero profunda. Por primera vez, el pollo se consolidó como la carne más consumida por los argentinos, desplazando a la histórica reina de la mesa nacional.

El dato no es menor. En 2025, cada argentino consumió cerca de 50 kilos de pollo, frente a 47 kilos de carne vacuna y unos 25 kilos de carne de cerdo. Hace apenas dos décadas, este escenario parecía impensado. En un país que construyó parte de su identidad alrededor de la ganadería bovina, el cambio tiene un fuerte componente económico, cultural y social.

El bolsillo cambió los hábitos de consumo

La primera explicación está en el bolsillo. Mientras la inflación golpeó a todos los alimentos, la carne vacuna se encareció muy por encima de otras proteínas. Según el IPCVA, los precios de la carne bovina aumentaron casi un 58% interanual, frente al 39% del pollo y apenas un 24% del cerdo.

El resultado es evidente: para muchas familias, el asado pasó de ser una costumbre semanal a un consumo cada vez más esporádico. El kilo de asado superó los $18.000, mientras que el pollo fresco rondó los $5.000, una diferencia que explica buena parte del cambio de comportamiento del consumidor.

Los números del fenómeno: así creció el consumo de pollo

Evolución del consumo de pollo en Argentina

(En kg por habitante por año)

AñoConsumo
201033,8 kg
201138,0 kg
201239,5 kg
201340,1 kg
201440,7 kg
201543,0 kg
201642,3 kg
201742,7 kg
201841,7 kg
201945,4 kg
202047,1 kg
202148,2 kg
202247,7 kg
202349,5 kg
202448,5 kg
202549,4 kg

Fuente: CEPAL

Los datos muestran que el crecimiento del pollo no es un fenómeno coyuntural. En apenas quince años, el consumo aumentó más de 46%, transformando por completo el mapa de proteínas en la Argentina.

La industria avícola entendió antes que nadie hacia dónde iba el mercado. Invirtió en tecnología, amplió la oferta de productos y dejó atrás la imagen del pollo entero como única alternativa. Hoy predominan los cortes, las milanesas, los productos congelados y las opciones listas para cocinar.

Un gigante productivo cada vez más orientado al mercado interno

El crecimiento del consumo doméstico también modificó la estrategia exportadora del sector.

Participación de las exportaciones avícolas argentinas

(Porcentaje de la producción total)

AñoExportaciones
201016,0%
201319,0%
201610,3%
201912,5%
20218,3%
20258,3%

Fuente: CEPAL 

Luego de alcanzar niveles cercanos al 19% de exportación en 2013, la participación de los envíos externos se redujo hasta ubicarse en torno al 8,3%. Esto refleja que una porción cada vez mayor de la producción se destina al mercado local, impulsada por una demanda interna en constante crecimiento.

El pollo no está solo en este proceso. La carne porcina también protagoniza una verdadera revolución. En poco más de veinte años pasó de apenas 4 kilos por habitante a los actuales 25 kilos, impulsada por mejores precios, nuevos cortes y una fuerte campaña para derribar mitos nutricionales.

Mientras tanto, la carne vacuna sigue siendo un símbolo cultural, pero dejó de tener el monopolio de la mesa argentina. Incluso desde el IPCVA reconocen que el consumidor actual prefiere comer menos carne, pero de mejor calidad.

La gran pregunta es inevitable: ¿cómo puede un país reconocido en todo el mundo por su ganadería vacuna perder espacio en su propio mercado?

La respuesta está en una combinación de factores: menor poder adquisitivo, cambios culturales, nuevas formas de consumo y una competencia cada vez más fuerte entre las distintas proteínas.

La ironía es contundente. En el país de las vacas, el gran ganador de la mesa argentina hoy tiene plumas.

Y quizás ese dato explique mucho más sobre la Argentina actual que cualquier indicador económico. Porque cuando cambia lo que come un país, también cambia una parte de su identidad. Y esa transformación ya está ocurriendo.

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