Opinión

Reforma laboral y campo: por qué el agro puede salir fortalecido

¿Reforma laboral y campo en la misma frase? Para algunos, mala palabra. Para el agro, puede ser la herramienta que faltaba.

María José Huerta
Periodista agroalimentaria enfocada en cadenas de valor, agricultura sostenible y acuerdos comerciales, con especial atención al impacto de estas dinámicas en los sistemas agroalimentarios de América Latina.

Tras la media sanción en el Senado, la reforma laboral pasó a la Cámara de Diputados y reavivó un debate que divide aguas en la política y en el sindicalismo. Pero mientras la discusión pública se concentra en consignas ideológicas, en el interior productivo la pregunta es otra: ¿puede esta modernización mejorar la realidad del trabajo rural?

Desde nuestro equipo de redacción contactamos a Ignacio Forconi, abogado, docente universitario y asesor de la Sociedad Rural Argentina (SRA), para analizar el impacto concreto que podría tener la norma en el sector agropecuario.

Forconi sostiene que el agro argentino arrastra desde hace años una tensión estructural: produce bajo lógicas estacionales, climáticas y regionales, pero contrata bajo esquemas pensados para economías urbanas e industriales. "El desajuste entre norma y realidad generó litigiosidad, incertidumbre y mayores costos para productores y trabajadores", explica.

Uno de los ejes centrales del proyecto es la reducción de la conflictividad judicial. En el campo, donde predominan explotaciones medianas y pequeñas, un juicio laboral puede comprometer la continuidad de una empresa familiar.

La actualización de criterios indemnizatorios y la mayor claridad en la registración y contratación buscan otorgar previsibilidad. Y en el agro, la previsibilidad no es un concepto abstracto: es condición básica para invertir en maquinaria, tecnología y mejoras productivas.

"Cada campaña se planifica con riesgo climático y financiero. Si a eso se le suma incertidumbre jurídica permanente, el resultado es menos inversión y menos empleo formal", advierte Forconi.

El sector agropecuario concentra actividades con alta demanda temporal de mano de obra: cosecha de frutas, vendimia, horticultura, yerba mate, entre otras. La estacionalidad no es una excepción, sino la regla.

La posibilidad de perfeccionar modalidades de contratación temporaria o discontinua, adecuándolas a los ciclos productivos, puede contribuir -según el especialista- a reducir la informalidad que aún persiste en varias economías regionales.

"Flexibilizar no es precarizar. Es dar herramientas para que relaciones que hoy existen en la práctica puedan formalizarse con cobertura social y aportes previsionales", subraya. En ese sentido, el desafío es incorporar al sistema a trabajadores que muchas veces quedan al margen por la rigidez normativa.

Uno de los puntos más sensibles del debate es si la reforma implica una pérdida de derechos. Para Forconi, el enfoque debe ser superador: "No se trata de elegir entre protección y producción. Se trata de que la norma sea eficaz para proteger de verdad y no expulsar empleo hacia la informalidad".

En un contexto donde la Argentina necesita aumentar exportaciones y generar divisas, el campo continúa siendo el principal motor externo de la economía. Mejorar su competitividad no es solo un interés sectorial, sino una cuestión estratégica.

Un esquema laboral más claro y menos litigioso podría traducirse en mayor formalización, acceso a cobertura médica y aportes jubilatorios para trabajadores rurales, y al mismo tiempo en mejores condiciones para que los productores inviertan y amplíen su escala.

Con la media sanción ya aprobada, la Cámara de Diputados tiene ahora la responsabilidad institucional de definir el rumbo. El debate no debería quedar atrapado en consignas simplificadoras, sino enfocarse en cómo adaptar la legislación a las realidades productivas del siglo XXI.

Para el asesor de la SRA, la clave está en consolidar un equilibrio: protección efectiva del trabajador y previsibilidad para el empleador. "Si se logra ese balance, el impacto en el campo puede ser verdaderamente transformador", concluye.

En definitiva, la reforma laboral abre una oportunidad. No para desregular sin límites, sino para actualizar reglas, reducir informalidad y fortalecer al sector más dinámico de la economía argentina. Si Diputados convierte la media sanción en ley, el mensaje será claro: modernizar también puede ser sinónimo de desarrollo rural y empleo formal.

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