Opinión

Soja en 2026: entre el rally de Chicago y la sombra del récord sudamericano

La soja sube en Chicago, pero el récord sudamericano le pone techo: ¿rally firme o ilusión pasajera del mercado?

Ana Silva
Periodista agropecuaria especializada en sostenibilidad, innovación y desarrollo rural en América Latina.

El precio de la soja vuelve a poner a los productores argentinos frente a un escenario que parece sacado de un manual de contradicciones. Mientras en Chicago la oleaginosa subió 40 dólares por tonelada entre mediados de enero y mediados de febrero, en el hemisferio sur se consolida una realidad que presiona en sentido contrario: Brasil camina hacia una cosecha récord de 180 millones de toneladas y la Argentina, tras las lluvias, estabiliza su producción en torno a 46-47 millones.

¿Estamos ante una oportunidad o frente a un techo difícil de perforar?

La suba en la plaza estadounidense tiene fundamentos concretos. Por un lado, China volvió a comprar soja norteamericana, aunque de manera intermitente. El gigante asiático juega su propio ajedrez comercial y sus decisiones siguen siendo imprevisibles. A eso se suma un dato clave: el crecimiento explosivo del biodiésel en Estados Unidos, que pasó de 3550 millones de galones producidos el año pasado a una proyección de 5500 millones este año, un salto del 60%. Más molienda, más demanda de aceite, más sostén para el precio.

Pero el mercado no mira una sola variable. Y ahí es donde el entusiasmo encuentra límites.

Brasil no solo proyecta un récord productivo, sino que ofrece soja con un FOB 45 dólares por tonelada más barato que el estadounidense. Ese diferencial cambia la ecuación para cualquier importador, especialmente para China. Si el poroto sudamericano está disponible, abundante y más competitivo, el rally en Chicago encuentra resistencia estructural.

En la Argentina, el panorama también aporta presión bajista, aunque con matices. Es cierto que la campaña no alcanzará los 50 o 51 millones de toneladas que se estimaban al inicio. Pero las lluvias de febrero evitaron un deterioro mayor y hoy el mercado habla de una producción que, si bien menor a la ideal, no es un desastre. Eso significa oferta disponible en plena cosecha.

Y como si faltara algo, el USDA proyecta un aumento del 5% en el área sembrada con soja en Estados Unidos para la campaña 2026/27. El mercado ya descuenta que la oferta global seguirá siendo holgada.

En este tablero, el productor argentino enfrenta una decisión estratégica. Con valores de 320/325 dólares por tonelada para mayo, muchos analistas consideran que no es un mal negocio cerrar ventas parciales. Otros optarán por herramientas de cobertura, como la compra de un call, para no quedar afuera de una eventual suba. Y quienes tengan espalda financiera quizás prefieran guardar en silo bolsa y esperar el "weather market" del verano norteamericano, cuando cualquier sequía en el Midwest puede recalentar las cotizaciones.

La pregunta de fondo es otra: ¿qué pesa más hoy en la formación de precios? ¿La demanda energética y los movimientos geopolíticos o la abundancia productiva de Sudamérica?

La soja vuelve a mostrar que no hay certezas lineales. El mercado ofrece señales mixtas y obliga a leer más allá del titular. En un contexto donde cada dólar cuenta para el productor argentino -atravesado además por retenciones y costos internos que no bajan-, la clave no es adivinar el techo, sino administrar el riesgo.

Porque si algo enseña la historia del mercado granario es que las oportunidades existen, pero duran poco. Y en 2026, más que nunca, la soja se mueve entre dos fuerzas que tiran en direcciones opuestas.

La decisión, como siempre, queda en el campo.

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