Opinión

Soja en Chicago: extrema volatilidad por la guerra en Medio Oriente

El ataque de EE.UU. e Israel a Irán desató subas y bajas bruscas en Chicago. El aceite lideró las alzas y arrastró a los granos en una rueda de alta tensión.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

El 3 de marzo de 2026, tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y la posterior respuesta iraní, la soja registró una jornada de volatilidad extrema en la Bolsa de Chicago, con subas de hasta US$6,71 por tonelada en el segmento nocturno y movimientos bruscos en la rueda diaria. El impacto no fue aislado: también avanzaron el aceite, la harina, el maíz y el trigo, en un contexto donde el conflicto en Medio Oriente volvió a tensionar al mercado energético y, por arrastre, a los commodities agrícolas. La magnitud del movimiento importa especialmente para el Comercio Agrícola América Latina, ya que la región es protagonista central en las exportaciones agroalimentarias y altamente dependiente de los precios internacionales.

En el segmento nocturno previo a la apertura formal, la soja trepó US$6,71, el aceite subió US$20,06, la harina US$3,42, el maíz US$2,26 y el trigo US$2,48. Sin embargo, ya iniciada la rueda diaria, la posición mayo de la oleaginosa pasó de caer US$0,28 a subir US$0,55, reflejando la incertidumbre de los operadores y la fuerte presencia de fondos especulativos. El día anterior, la misma posición había cerrado en US$427,70, tras una baja de US$2,48 por toma de ganancias.

El eje del movimiento estuvo en el aceite de soja, impulsado por el nuevo salto del petróleo ante el cierre de facto del tránsito por el estratégico Estrecho de Ormuz. La relación entre energía y agro volvió a quedar en evidencia: cuando el crudo se encarece, los biocombustibles ganan competitividad y fortalecen la demanda de materias primas agrícolas. Según operadores del mercado, el liderazgo del aceite terminó arrastrando a la harina y dando sostén al complejo sojero en su conjunto. En paralelo, el maíz también encontró respaldo por su rol en la producción de etanol en Estados Unidos.

En el caso del trigo, las subas respondieron no solo a Medio Oriente, sino a un escenario geopolítico más amplio que incluye tensiones en el Mar Negro y nuevos focos de conflicto en Asia. La particularidad es que la crisis actual afecta tanto polos de oferta como de demanda, alterando los equilibrios globales. No obstante, la firmeza del dólar frente al euro podría limitar la competitividad estadounidense, un factor clave en los flujos comerciales internacionales.

Para América Latina, este escenario abre un frente dual. Por un lado, mejores precios internacionales pueden traducirse en mayores ingresos por exportaciones agroalimentarias, fortaleciendo la balanza comercial y generando oportunidades de cobertura comercial. Por otro, la volatilidad extrema complica la planificación, eleva el riesgo financiero y tensiona la logística de exportación, especialmente en un contexto ya marcado por variabilidad climática, mayores exigencias de trazabilidad y crecientes barreras no arancelarias en los mercados de destino.

La jornada dejó una señal contundente: los mercados agrícolas están cada vez más integrados a la dinámica energética y geopolítica global. En un sistema interconectado, donde confluyen guerras, tensiones comerciales y fluctuaciones cambiarias, la volatilidad dejó de ser un episodio puntual para convertirse en una variable estructural. Para productores, cooperativas, agroexportadores e inversores de la región, comprender estas interrelaciones es determinante para sostener la competitividad, avanzar 

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