Opinion

Trigo argentino: el récord abre una pregunta más desafiante que el resultado

Los rindes récord entusiasman al agro, pero la gran pregunta es otra: ¿hasta dónde puede llegar el trigo argentino?

Ignacio Rivero
Periodista especializado en agroindustria del Cono Sur. Analiza políticas públicas, mercados, infraestructura y cadenas de valor del sector agroalimentario.

La cosecha récord de trigo que dejó la campaña pasada generó entusiasmo en toda la cadena. Sin embargo, detrás de los 20 millones de toneladas proyectados y de los rindes que sorprendieron incluso a los más optimistas, aparece una pregunta que vale más que cualquier estadística: ¿dónde está el verdadero techo productivo del trigo argentino?

Durante años, alcanzar las 5 toneladas por hectárea parecía una meta ambiciosa. Después llegaron los lotes de 7, de 8 y ahora los planteos de punta que superan las 10 toneladas en regiones como el sudeste bonaerense. Lo que antes parecía excepcional comienza a convertirse en una referencia.

Los récords mundiales obtenidos en Nueva Zelanda e Inglaterra, con rindes cercanos a las 18 toneladas por hectárea, suelen atribuirse a condiciones climáticas privilegiadas. Es cierto que las altas latitudes ofrecen ventajas vinculadas a la radiación y la duración de los días. Pero reducir la explicación al clima sería simplificar demasiado una realidad mucho más compleja.

La diferencia central está en la capacidad de integrar genética, nutrición y protección sanitaria en un mismo sistema productivo. Los productores que lideran esos récords no aplican simplemente más fertilizante. Construyen estrategias de manejo extremadamente precisas para sostener la actividad fotosintética durante el mayor tiempo posible. Cada día adicional de cultivo verde representa más energía transformada en rendimiento.

Ese concepto también empieza a ganar terreno en Argentina. La incorporación de nuevas variedades, la fertilización balanceada, la agricultura de precisión y el monitoreo permanente están acortando una brecha que durante décadas parecía imposible de cerrar. Y aquí aparece otro dato que merece atención. Si parte de la ventaja de regiones como Canterbury proviene de la latitud, la Patagonia argentina podría comenzar a ingresar en la conversación sobre el potencial triguero del futuro.

No se trata de imaginar una nueva frontera agrícola de manera inmediata. Pero sí de comprender que existen regiones con condiciones ambientales que, combinadas con tecnología y disponibilidad de agua, podrían ofrecer oportunidades productivas que hoy todavía están subexplotadas. Para Argentina la carrera será transformar ese potencial biológico en competitividad económica. Porque los rindes récord son importantes, pero no alcanzan por sí solos. También pesan la infraestructura, la logística, el acceso al financiamiento y las reglas de juego.

La campaña pasada dejó una enseñanza contundente. Tal vez el techo del trigo todavía esté mucho más arriba de lo que imaginamos. La pregunta ya no parece ser si podemos producir más. La verdadera discusión es si estaremos dispuestos a invertir, innovar y planificar para alcanzar ese potencial. Porque en agricultura, como ocurre con frecuencia, los récords no marcan el final del camino. Apenas señalan la dirección del próximo desafío.

© AgroLatam. Todos los derechos reservados.
Esta nota habla de: