El tomate sube 123% en Perú y enciende la alerta por el precio de los alimentos
Papa, choclo, arveja y tomate registran fuertes aumentos en Lima. Menor oferta, calor y costos agrícolas explican parte de la escalada.
El precio mayorista del tomate aumentó 123% en poco más de un mes en Lima, mientras el choclo, la arveja verde y algunas variedades de papa también registraron fuertes subas entre el 1 de agosto y el 4 de septiembre de 2026. Los datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), analizados por RPP, muestran una reducción de la oferta que empieza a trasladarse al consumidor y que preocupa al sector agrícola por la combinación de altas temperaturas, menores áreas sembradas, plagas y mayores costos de producción.
El caso más marcado es el tomate. En los centros mayoristas pasó de S/2,08 a S/4,63 por kilogramo, un salto de 123%, mientras que en los mercados minoristas de Lima avanzó de S/4,60 a S/7,59, equivalente a 65%. Según la Convención Nacional del Agro Peruano (Conveagro), el abastecimiento de tomate se habría reducido a alrededor de la mitad, una contracción vinculada con menores superficies sembradas y problemas productivos.
Las temperaturas más elevadas aparecen entre los factores que pueden agravar esa situación. El tomate es particularmente vulnerable a distintas plagas y un ambiente más cálido puede favorecer su proliferación, perjudicando el rendimiento de las plantas. Conveagro también advierte que los cambios de temperatura asociados al desarrollo de El Niño ya pueden alterar procesos vegetativos, incluso antes de que se produzcan episodios extremos de lluvias o sequía.
Choclo, arvejas y algunas papas también registran fuertes aumentos
La arveja verde prácticamente duplicó su valor mayorista: pasó de S/2,20 a S/4,25 por kilo, un incremento de 93%. En los mercados minoristas el aumento fue menor, aunque igualmente significativo, al avanzar 29%, desde S/5,71 hasta S/7,34. El abastecimiento se ubicaría cerca del 80%, acompañado por menores volúmenes de cosecha y mayores costos derivados de fertilizantes y agroquímicos.
El choclo registró otro de los movimientos más importantes. Su precio mayorista pasó de S/3,39 a S/5,65 por kilogramo, un 67% más, mientras que al consumidor aumentó 48%, desde S/6,40 hasta S/9,48. Aunque Perú puede producir choclo durante todo el año gracias a sus diferentes microclimas, las temperaturas elevadas pueden perjudicar la polinización y generar mazorcas de menor tamaño, reduciendo la cantidad disponible.
En papa, el comportamiento varió según la variedad. La Canchan aumentó 79% en el mercado mayorista, de S/1,08 a S/1,93 por kilo; la papa Color avanzó 52% y la Huayro, 33%. En cambio, Blanca y Yungay bajaron 15%. Estas diferencias responden a rendimientos, disponibilidad, costos de producción, requerimientos de insumos y distinta susceptibilidad frente a problemas sanitarios.
La zanahoria también se encareció. En el mercado mayorista pasó de S/0,85 a S/1,17 por kilogramo, un incremento de 38%, mientras en los mercados de abasto de Lima el promedio alcanzó S/3,48. El conjunto de variaciones muestra que la presión no está concentrada en un único alimento y que el comportamiento de la oferta agrícola empieza a tener mayor peso sobre los precios.
El clima y los fertilizantes elevan la presión sobre el campo
A las dificultades productivas se suma el costo de los insumos. Conveagro señala que el encarecimiento internacional de los fertilizantes y su relación con los costos energéticos continúa afectando las cuentas de los agricultores. Cuando un productor utiliza más recursos para obtener una cosecha menor, el aumento del precio final no implica necesariamente una mejora de sus ingresos.
La cadena comercial agrega otro componente. Entre la chacra y los mercados de Lima pueden intervenir varios operadores, ampliando la diferencia entre lo que recibe el agricultor y lo que finalmente paga una familia. Conveagro sostiene que algunos productos atraviesan cuatro o cinco intermediarios antes de llegar a la capital y todavía más hasta alcanzar al consumidor, por lo que parte de las variaciones puede producirse después de la salida del campo.
La principal preocupación se concentra ahora en los próximos meses. Las lluvias intensas, la persistencia de temperaturas elevadas o eventuales períodos de sequía en la sierra sur podrían reducir todavía más la producción. En esa región, numerosos cultivos dependen de las precipitaciones para iniciar sus campañas y una demora de las lluvias puede incluso impedir determinadas siembras.
Una menor disponibilidad de alimentos tendría un doble impacto: presionaría la inflación y el poder adquisitivo de los hogares, al mismo tiempo que reduciría los ingresos de agricultores con cosechas afectadas. Con tomate, arveja y choclo acumulando aumentos de hasta tres dígitos en el canal mayorista, la evolución del clima y de las próximas campañas agrícolas será decisiva para determinar si la presión sobre los mercados comienza a moderarse o se extiende hacia otros alimentos.

