Chile apuesta a los bioinsumos y suma capacidad industrial para el control biológico
El INIA inauguró una nueva planta autorizada por el SAG que permitirá escalar la producción de bioinsumos con estándares regulatorios. La infraestructura busca acercar soluciones biológicas al campo y reducir la dependencia externa.
Con el foco puesto en seguridad alimentaria, sustentabilidad y transferencia tecnológica, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) puso en marcha una nueva planta de producción y escalamiento de bioinsumos en su Centro Regional INIA La Platina, marcando un avance significativo para el desarrollo del control biológico en Chile y la región.
La infraestructura está autorizada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) para la formulación y producción a gran escala de bioplaguicidas y bioestimulantes, cumpliendo con estándares regulatorios que habilitan su uso comercial y abren nuevas oportunidades para el sector frutal y los cultivos extensivos. Los desarrollos del INIA están orientados a una amplia gama de producciones, desde hortalizas hasta especies frutales de exportación como cerezos, uvas y paltos.
En diálogo con Biologicals Latam, el Dr. Eduardo Tapia, responsable de la Unidad de Protección Vegetal y de la Planta de Bioprocesos del INIA, explicó que el proyecto surge de una limitación histórica: la imposibilidad de escalar desarrollos que hasta ahora solo podían evaluarse en etapas experimentales. "Durante años trabajamos con microorganismos, metabolitos, proteínas y péptidos, pero a una escala muy pequeña. Eso alcanzaba para ensayos en laboratorio y, luego, para pruebas acotadas en campo, pero no más allá de una o dos hectáreas", señaló.
El salto se dio con la incorporación de sistemas productivos más avanzados, que hoy permiten operar con biorreactores de 100 litros, capaces de generar ultraconcentrados y de llevar los desarrollos desde el prototipo hasta un producto terminado. Con esta infraestructura, la planta está en condiciones de producir hasta 100.000 dosis de productos finales, un volumen inédito para el INIA y poco frecuente en América Latina.
En el caso de concentrados destinados a exportación, la planta también puede operar a menor escala, alcanzando hasta cinco toneladas anuales de concentrados y ultraconcentrados, con una capacidad aproximada de una tonelada por semestre. "Son equipos que pueden funcionar durante un mes sin detenerse, lo que permite obtener una cantidad muy significativa de microorganismos", explicó Tapia, quien destacó que se trata de una de las pocas plantas de la región diseñada específicamente con este enfoque productivo.
Más allá de la capacidad industrial, la nueva planta permite al INIA cerrar completamente la cadena de innovación y transferencia tecnológica. El proceso comienza en el Banco de Recursos Genéticos Microbianos, donde se conservan y caracterizan los microorganismos; continúa con la investigación y el desarrollo de prototipos; y ahora culmina con el escalamiento productivo, transformando esos desarrollos en insumos disponibles para el uso agrícola. "Hoy podemos decir que tenemos la cadena completa, algo que antes no existía", remarcó el especialista.
Este avance también redefine el modelo de vinculación con el sector privado. El INIA podrá prestar servicios de producción de concentrados que luego son formulados y distribuidos por empresas, además de avanzar en patentes y licencias derivadas de su propia investigación. En ese esquema, la planta se proyecta como un aliado estratégico para startups y pymes, que cuentan con desarrollos prometedores pero carecen de escala productiva.
"El objetivo es ofrecer una capacidad local que cumpla con altos estándares de calidad. Si una empresa necesita producir un Bacillus, por ejemplo, puede hacerlo acá, sin depender de importaciones desde Estados Unidos o Europa", explicó Tapia. Esta posibilidad no solo reduce costos y tiempos, sino que fortalece la autonomía tecnológica del país.
Con esta inversión, el INIA refuerza su apuesta por una agricultura más sostenible, segura e inocua, en la que los bioinsumos ganan protagonismo como parte de la matriz productiva, tanto para el mercado interno como para la exportación. La nueva planta no solo amplía la capacidad de producción, sino que acerca tecnologías biológicas al campo, acelerando su adopción en un contexto donde la eficiencia y la sustentabilidad se vuelven cada vez más determinantes.

