Chile

Soluciones con CO llegan a la agricultura y abren una nueva era para la producción de semillas en la región

Un acuerdo tecnológico permitirá utilizar dióxido de carbono líquido en invernaderos para mejorar floración, polinización y calidad genética en cultivos de hortalizas.

AgroLatam
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El uso de dióxido de carbono líquido (LCO) comienza a abrirse paso como una herramienta innovadora dentro de la agricultura sudamericana. Un nuevo acuerdo tecnológico -que abarca tres años de cooperación y operación conjunta- permitirá incorporar soluciones basadas en gases industriales en la producción de semillas de hortalizas como repollo, brócoli y coliflor, marcando un avance inédito para el sector.

El proyecto consiste en la instalación y operación de sistemas diseñados para suministrar CO de manera continua, controlada y segura dentro de los invernaderos, generando un ambiente optimizado para el desarrollo vegetal. Este enfoque busca mejorar procesos críticos como la fotosíntesis, la floración y la polinización natural, todos esenciales para garantizar la pureza genética de semillas híbridas de alto valor agronómico.

Según la gerencia técnica del proyecto, esta aplicación representa un paso decisivo para conectar la ciencia de los gases con los desafíos actuales de eficiencia productiva y sostenibilidad en la agricultura. La utilización de CO en cultivos protegidos ya es conocida en otras regiones del mundo, pero su adopción en Sudamérica aún era incipiente. La iniciativa abre así un espacio para mejorar rendimientos y lograr una producción más estable en ambientes altamente controlados.

CO para ambientes más productivos y estables

El dióxido de carbono es un componente clave para el crecimiento vegetal. Cuando se usa en invernaderos, permite enriquecer el aire y estimular la fotosíntesis, lo que favorece un crecimiento más vigoroso de las plantas. En la producción de semillas híbridas, estas condiciones son fundamentales: la uniformidad y pureza genética dependen de procesos de fecundación y polinización precisos.

Especialistas del proyecto destacan que el CO ayuda a crear un entorno ideal para la acción de las abejas dentro de los invernaderos, lo que mejora la eficiencia de la polinización natural. Este manejo controlado garantiza que las semillas resultantes conserven los rasgos específicos demandados por los mercados y por los programas de mejoramiento.

En la actualidad, el sistema integra 14 invernaderos, cada uno con un consumo estimado de 300 a 500 kilos de CO diarios durante la temporada productiva. Las nuevas instalaciones -dos sistemas de alta capacidad- pueden almacenar 5.600 kilos cada una, lo que asegura la continuidad operativa incluso en entornos con desafíos logísticos o de abastecimiento.

Un modelo integral de soporte y mantenimiento

El proyecto no solo considera el suministro de CO, sino también un esquema completo de soporte técnico, mantenimiento preventivo y correctivo, y monitoreo continuo. Esto permite que los invernaderos mantengan condiciones estables a lo largo del ciclo productivo, especialmente en cultivos donde la genética y la uniformidad son factores críticos.

Las proyecciones apuntan a que este tipo de soluciones se expandirá hacia otros cultivos y sistemas intensivos, integrando tecnologías que combinan ciencia, agricultura y sostenibilidad. Para los responsables de la iniciativa, el objetivo es claro: impulsar modelos productivos que utilicen recursos con mayor eficiencia, reduzcan pérdidas y fortalezcan la competitividad agrícola en un contexto de creciente demanda global.

La introducción del CO como insumo agrícola marca un avance en la búsqueda de mayor control biológico, mejor manejo de la polinización y mayor previsibilidad productiva, elementos clave en la producción moderna de semillas y en la consolidación de una agricultura más tecnificada.

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