Detectan gen que debilita el control del cancro en tomate
Un estudio en la zona central identificó genes asociados a resistencia en cepas de Clavibacter michiganensis. La evidencia obliga a revisar el manejo sanitario en tomate industrial y fresco.
El cancro bacteriano del tomate vuelve a instalarse en la agenda fitosanitaria chilena con un dato que preocupa al sector productivo. Investigadores del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF) detectaron en cepas locales de Clavibacter michiganensis determinantes genéticos vinculados a tolerancia al cobre, insumo clave en los programas preventivos contra esta enfermedad.
El trabajo, liderado por la Dra. Miryam Valenzuela y difundido a partir de una publicación científica reciente, analizó cinco cepas recolectadas en predios de las regiones de Valparaíso, O'Higgins y Maule. Los resultados muestran distintos niveles de tolerancia: mientras algunas presentan resistencia moderada, otras soportan concentraciones más elevadas de cobre, lo que podría reducir la eficacia de productos comerciales cuando el esquema sanitario se basa casi exclusivamente en aplicaciones cúpricas.
El hallazgo adquiere mayor relevancia al considerar la biología del patógeno. Clavibacter michiganensis coloniza el sistema vascular de la planta, por lo que el cobre actúa principalmente de manera preventiva. Una vez que la bacteria ingresa y se establece en el interior, la herramienta pierde capacidad de control. Esto convierte a la oportunidad de aplicación en un factor crítico y deja en evidencia la fragilidad de estrategias apoyadas en un único principio activo.
La investigación identificó un elemento genético que marca diferencias entre cepas: el gen copB. Todas las cepas analizadas cuentan con mecanismos básicos de regulación interna del cobre, pero las más tolerantes incorporan esta pieza adicional. Según el estudio, copB codifica una proteína asociada a la membrana celular que funciona como bomba de expulsión, permitiendo a la bacteria eliminar el exceso de cobre y sobrevivir bajo condiciones de estrés químico. En combinación con el sistema CopA -presente en muchas cepas-, la eficiencia defensiva aumenta.
En términos agronómicos, el fenómeno se explica por la llamada presión de selección. El uso reiterado de compuestos cúpricos favorece la supervivencia de los individuos más adaptados. Con el tiempo, estas poblaciones se vuelven dominantes en el predio. La consecuencia práctica es doble: incremento de costos por mayores dosis o frecuencia de aplicación y acumulación de cobre en suelo, con posibles impactos ambientales y en la microbiota.
El estudio advierte además que los genes pueden transferirse entre bacterias en campo, acelerando la expansión de la tolerancia. De hecho, el gen copB ya estaba presente en cepas identificadas desde 2005, lo que sugiere que el proceso no es reciente y podría estar más extendido de lo que se creía. Los investigadores plantean la necesidad de ampliar el muestreo para dimensionar su distribución real en zonas productoras.
Para regiones con alta superficie de tomate industrial y fresco, el escenario implica revisar el enfoque sanitario. El cancro bacteriano es una enfermedad de alto impacto que puede comprometer lotes completos si no se maneja adecuadamente. La eventual pérdida de eficacia del cobre obliga a transitar hacia un manejo integrado, combinando rotación de productos, herramientas biológicas, desinfección rigurosa de herramientas y monitoreo constante de material vegetal.
Desde el punto de vista económico, la diversificación de estrategias no solo busca preservar la efectividad de los insumos disponibles, sino también proteger la rentabilidad del cultivo. En un contexto de mayores exigencias ambientales y restricciones regulatorias sobre metales pesados, la dependencia exclusiva de compuestos cúpricos se vuelve cada vez menos sostenible.
La señal para el productor es clara: anticiparse mediante diagnóstico y ajuste de programa puede marcar la diferencia en la temporada. El desafío no es abandonar el cobre, sino integrarlo dentro de un esquema más amplio que reduzca la presión de selección y sostenga la competitividad del tomate chileno en mercados exigentes.

