Un cardo y la nanotecnología abren una nueva vía contra las malezas
Un equipo europeo logró transformar un extracto de cardo en un bioherbicida nanoformulado hasta tres veces más eficaz en laboratorio.
La carrera por reducir el uso de herbicidas químicos convencionales suma un avance desde el sur de Europa. Investigadores de la Universidad de Cádiz, junto al Centro de Biotecnología Agrícola y Agroalimentaria de Alentejo (CEBAL), desarrollaron un bioherbicida basado en nanotecnología a partir de compuestos naturales del cardo silvestre (Cynara cardunculus).
El punto de partida no fue descubrir su potencial, ya que el equipo había comprobado previamente la actividad herbicida del extracto vegetal. El verdadero desafío era su baja solubilidad en agua, lo que dificultaba su aplicación en campo y limitaba su uso práctico en sistemas agrícolas.
La innovación consistió en convertir el extracto en una nanoemulsión, una formulación que dispersa diminutas gotas de aceite en agua con un tamaño inferior a 250 nanómetros. A esa escala, el compuesto activo mejora su biodisponibilidad y logra una mayor penetración en las malezas objetivo.
En ensayos de laboratorio, la nueva formulación mostró ser hasta tres veces más eficaz que el extracto sin procesar. La nanoemulsión inhibió la germinación y el crecimiento de raíz y tallo en especies problemáticas como la verdolaga (Portulaca oleracea), el llantén menor (Plantago lanceolata) y el alpiste de caña (Phalaris arundinacea), habituales en cultivos hortícolas y cerealeros.
En el caso de la verdolaga, frecuente en producciones de tomate, cebolla y pimiento, el sistema superó incluso la eficacia de un herbicida comercial empleado como referencia en condiciones controladas.
El principio activo del bioherbicida se basa en lactonas sesquiterpénicas, sustancias que el cardo produce de forma natural para competir por recursos en el suelo. Al encapsularlas en una matriz nanoestructurada, los investigadores lograron potenciar su efecto y facilitar su aplicación.
La formulación utiliza aceite de semilla de uva como base, pectina vegetal para aportar estabilidad y polisorbato como agente emulsificante. Además de mejorar la acción herbicida, el sistema mantiene estabilidad durante al menos 90 días en condiciones normales de almacenamiento.
Este desarrollo cobra relevancia en un contexto donde el uso prolongado de herbicidas sintéticos ha generado problemas de resistencia en malezas y cuestionamientos ambientales por contaminación de suelos y aguas. Al estar compuesto por ingredientes de origen natural y biocompatibles, el nuevo bioherbicida presenta un perfil ambiental más favorable.
El trabajo, publicado en la revista científica Pest Management Science, se encuentra aún en fase experimental. El siguiente paso será validar la eficacia en ensayos a campo, donde se evaluará su comportamiento en condiciones reales de cultivo y su potencial escalado industrial.
Si los resultados se confirman, la combinación de biotecnología vegetal y nanotecnología agrícola podría abrir una nueva generación de soluciones para el control de malezas, alineadas con las exigencias de sostenibilidad y reducción de residuos químicos en la producción agroalimentaria.

