Hallan una bacteria que podría cambiar para siempre el cultivo del champiñón
Científicos identificaron bacterias capaces de frenar enfermedades fúngicas sin dañar al champiñón, un avance que podría derivar en los primeros fungicidas específicos para el sector.
Un equipo internacional de investigadores identificó bacterias capaces de combatir las principales enfermedades fúngicas del champiñón común sin afectar al propio cultivo, según un estudio publicado recientemente en Applied Microbiology and Biotechnology. El avance, liderado por el científico español Jaime Carrasco, resulta clave porque los productores aún no cuentan con fungicidas diseñados específicamente para hongos comestibles, una carencia que limita la respuesta frente a patologías capaces de reducir rendimiento, calidad e ingresos.
La investigación reunió casi una década de trabajo científico y comenzó durante la etapa posdoctoral de Carrasco en la Universidad de Oxford. Allí, el investigador aisló bacterias presentes en el nicho ecológico del champiñón, tanto en el propio hongo como en los materiales utilizados para producirlo, con el objetivo de encontrar microorganismos capaces de frenar a los patógenos sin perjudicar al huésped.
El proceso permitió construir un biobanco de cerca de 200 cepas bacterianas, entre las cuales sobresalieron tres variedades de Bacillus velezensis: CM5, CM19 y CM35. Estas cepas mostraron una actividad antifúngica selectiva, es decir, fueron capaces de prevenir enfermedades sin generar daños sobre el champiñón comercial.
Este comportamiento representa una ventaja decisiva frente a los fungicidas utilizados hasta ahora. Los productos tradicionales no fueron desarrollados específicamente para este cultivo y pueden resultar perjudiciales para los propios hongos comestibles. A esa dificultad se suma la aparición de patógenos resistentes, que redujo la eficacia de los tratamientos disponibles y llevó al retiro de algunas formulaciones del mercado.
Una solución biológica para un cultivo con pocas herramientas sanitarias
La falta de alternativas eficaces constituye uno de los principales desafíos para la producción de champiñón, una actividad de fuerte incidencia económica en distintas regiones rurales europeas. España produce actualmente 146.731 toneladas anuales y ocupa el tercer lugar entre los mayores productores del continente, de acuerdo con el Anuario de Estadística 2024 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
En ese escenario, las bacterias seleccionadas presentan un potencial especialmente valioso porque fueron encontradas dentro del microbioma del propio cultivo. Esta característica permite pensar en una solución biológica con menor impacto ambiental, capaz de integrarse a esquemas de manejo sanitario más sostenibles y de reducir la dependencia de moléculas químicas que han perdido efectividad.
Tras la identificación inicial, los investigadores secuenciaron los genomas de las cepas y registraron una patente en 2021. El trabajo también dio origen al proyecto europeo BIOSCHAMP, financiado por el programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea y coordinado por la Asociación Profesional de Productores de Sustratos y Hongos de La Rioja, Navarra y Aragón.
La iniciativa reunió a doce socios de seis países europeos y permitió explicar el mecanismo mediante el cual actúan las bacterias. Los científicos comprobaron que la capacidad antifúngica proviene de distintas variantes de fengicina, un lipopéptido que los microorganismos liberan al exterior y que interviene en el control de los hongos patógenos.
Para analizar su comportamiento dentro del sistema productivo, el equipo desarrolló sondas moleculares y evaluó la evolución de la comunidad microbiana presente en la cubierta del sustrato. Los ensayos realizados en cámaras de cultivo demostraron que la aplicación de los agentes de biocontrol no alteró de manera significativa el equilibrio de microorganismos, un resultado central para avanzar hacia futuros usos comerciales.
El desafío ahora es transformar el descubrimiento en un producto estable
La investigación ya derivó en un producto piloto incluido dentro de la patente, cuyos derechos pertenecen a la organización de productores ASOCHAMP-CTICH. Esto abre la posibilidad de que el propio sector impulse su desarrollo comercial y convierta los resultados de laboratorio en una herramienta concreta para las explotaciones.
No obstante, los científicos advierten que todavía será necesario mejorar la formulación para lograr mayor estabilidad y asegurar que la actividad antifúngica mantenga resultados estadísticamente consistentes en condiciones productivas. La opción con mayor potencial sería incorporar las cepas dentro de un cóctel bioestimulante, combinado con microorganismos o compuestos que también favorezcan el crecimiento del cultivo.
Otra línea de trabajo contempla extender estos agentes de biocontrol hacia especies hortícolas afectadas por enfermedades fúngicas. Esto ampliaría el alcance económico del descubrimiento y permitiría desarrollar nuevas soluciones para productores que enfrentan problemas similares de resistencia y falta de tratamientos específicos.
El avance todavía requiere validaciones, ajustes técnicos y una estrategia regulatoria y comercial, pero ya proporciona una base científica para cubrir una necesidad histórica del sector. Convertir estas bacterias en un fungicida biológico estable podría reducir pérdidas, mejorar la seguridad sanitaria del cultivo y fortalecer la rentabilidad de una actividad clave para numerosas economías rurales.

