Perú mira a las nueces como nueva frontera agrícola
El país busca replicar el éxito de arándanos y uvas en un mercado global que superó los US$66.000 millones y apunta a crecer 70 % hacia 2033.
Tras el auge de arándanos, uvas y cacao, el agro peruano busca una nueva alternativa estratégica: las nueces. Este segmento, que en 2024 alcanzó un valor global de US$66.000 millones, se proyecta como una de las categorías de mayor expansión en los próximos años, con un crecimiento anual cercano al 5,5 % que llevaría el mercado a superar los US$112.000 millones en 2033.
La tendencia mundial hacia la alimentación saludable y el creciente interés por productos derivados de frutos secos impulsan esta dinámica. Sin embargo, la producción enfrenta vulnerabilidades relacionadas con el clima, especialmente en países que carecen de sistemas de riego y gestión hídrica avanzados.
La situación en Perú
Actualmente, las nueces representan una fracción menor de las exportaciones agrícolas peruanas. Los castaños del Brasil son los únicos con envíos significativos, cercanos a los US$40 millones anuales. No obstante, hay proyectos para impulsar la producción de almendras, pistachos y otras variedades, aprovechando la experiencia adquirida en cultivos intensivos en zonas áridas y semiáridas.
El país cuenta con ventajas comparativas: uso extendido de tecnología de riego por goteo, manejo en agricultura intensiva y acuerdos comerciales que le facilitan acceso a los principales mercados. Además, regiones como Piura presentan condiciones agroclimáticas semejantes a las de California, líder mundial en nueces, lo que abre un horizonte de expansión productiva.
Competencia global
El mercado internacional de nueces está dominado por tres cultivos: almendras, anacardos (cashews) y pistachos.
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Almendras: con exportaciones por US$7.260 millones en 2024, lideradas por Estados Unidos, que controla el 66,5 % de los envíos (US$4.800 millones). Le siguen España (13,4 %) y Australia (6,5 %). California concentra la producción en plantaciones mecanizadas de alta eficiencia, mientras que España opera con sistemas familiares organizados en cooperativas, más vulnerables a la sequía.
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Anacardos: generaron US$7.548 millones en exportaciones, con Vietnam aportando la mitad del comercio global y Costa de Marfil con un 16 %. Aunque la producción depende mayormente de pequeños agricultores, el procesamiento y la exportación están en manos de grandes compañías.
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Pistachos: movieron más de US$4.485 millones en 2024, con EE.UU. a la cabeza (56 % del total) e Irán en segundo lugar (15 %). China es el principal comprador, con importaciones por US$869 millones.
Otros frutos secos completan el mapa: nueces (US$3.586 millones), avellanas (US$2.545 millones), castañas de Brasil (US$346 millones) y castañas europeas (US$287 millones).
Oportunidades para Perú
El atractivo de este mercado es evidente cuando se compara con otros rubros donde Perú ya es protagonista. Mientras el comercio global de arándanos alcanza apenas US$6.700 millones, el de uvas unos US$12.600 millones y el de paltas US$9.300 millones, las nueces ofrecen un escenario mucho más amplio.
La creciente demanda de China, que produce 800.000 toneladas pero debe importar 500.000 adicionales para cubrir su consumo, abre un espacio que Perú podría aprovechar. Hoy, California es su proveedor dominante, pero la diversificación de orígenes es un objetivo de ese mercado.
Con una adecuada estrategia de inversión en investigación, material genético y modelos de producción adaptados a sus zonas áridas, Perú podría posicionarse como un jugador relevante en la próxima década. La experiencia en exportación de productos frescos no tradicionales demuestra que el país puede competir en mercados de alto valor, siempre que combine tecnología con una cadena de trazabilidad robusta.
La apuesta por diversificar hacia nueces responde también a un contexto de sobreoferta y caída de precios en productos como arándanos o paltas, que obliga a buscar nuevas alternativas de ingreso para el agro exportador.
En ese marco, los frutos secos se perfilan como la nueva frontera agrícola de Perú: un segmento de gran escala global, en expansión sostenida y con márgenes atractivos. El desafío será transitar el mismo camino que llevó al país de ser un productor emergente de uvas y arándanos a convertirse en líder mundial.