Agricultura

Soja de primera con baja rentabilidad: el maíz y la cebada lideran las elecciones de siembra 2025/26

Los márgenes proyectados para la oleaginosa se ubican por debajo de los 50 dólares por hectárea en campos alquilados, mientras que maíz, cebada y girasol ofrecen retornos que duplican o triplican esa cifra.

La soja de primera llega a la campaña 2025/26 con una señal de alerta encendida. Los números que surgen de los primeros cálculos de márgenes proyectados no favorecen a la oleaginosa y explican por qué, en muchas regiones productivas, los productores están volcando su mirada hacia cultivos alternativos como el maíz temprano, la cebada cervecera y, en algunos casos, el girasol. La tendencia no es menor: la oleaginosa que durante años funcionó como el cultivo insignia de la Argentina hoy enfrenta dificultades de rentabilidad que ponen en discusión su superficie de siembra.

En el sur bonaerense, donde el arrendamiento de campos es una práctica habitual, los resultados económicos de la soja de primera resultan poco atractivos. Con precios de referencia a mayo de 2026 y rindes normales, los márgenes se ubican por debajo de los 50 dólares por hectárea, e incluso en escenarios conservadores tienden a ser neutros. "La soja de primera no despierta mucho interés por ahora porque los márgenes esperados serían muy bajos en campos alquilados de esta zona", resume un productor de Necochea.

Los números proyectados para maíz temprano, girasol y esquemas de doble cultivo muestran retornos que se ubican entre los 100 y 150 dólares por hectárea, de acuerdo al nivel de rendimiento alcanzado.

El contraste con otros cultivos es notable. El maíz temprano, el doble cultivo trigo/soja y el girasol se perfilan como opciones más rentables, con retornos que oscilan entre los 100 y 200 dólares por hectárea según rindes y costos. En el caso del maíz, los valores proyectados permiten pensar en ganancias superiores a los 200 dólares por hectárea en la zona núcleo, lo que consolida su atractivo.

La cebada, por su parte, aparece como una de las estrellas de la campaña. Con precios de 220 dólares por tonelada para la cervecera disponible y 200 dólares para la cosecha, ofrece una alternativa sólida. Incluso con calidad forrajera, los valores (180-188 dólares) siguen siendo competitivos. A esto se suma la ventaja agronómica de un ciclo corto, que posibilita la siembra de una soja de segunda en fechas más tempranas que con trigo. La expectativa es que la superficie implantada con cebada alcance 1,3 millones de hectáreas, impulsada por estos números y por un contexto climático que, hasta el momento, acompaña. Productores de la región destacan que las lluvias recientes dejaron entre 50 y 60 milímetros y permitieron un desarrollo óptimo de los lotes, con cultivos que ya se encuentran en macollaje y muestran un excelente color.

En la zona núcleo, la soja de primera tampoco logra destacarse: en campos alquilados, con rindes promedio y tomando como referencia los precios a mayo de 2026, los márgenes proyectados se ubican en valores neutros o incluso por debajo de los 50 dólares por hectárea.

En la zona núcleo, la situación es similar. La soja de primera exhibe márgenes reducidos en campos arrendados, con resultados que difícilmente superen los 50 dólares por hectárea. En contraste, los esquemas de rotación con trigo/soja muestran rendimientos económicos de 150 a 200 dólares por hectárea, mientras que el maíz temprano supera con holgura esos números. Esto abre la puerta a un posible corrimiento de superficie desde la soja hacia otros cultivos, un fenómeno que podría replicar lo ocurrido en la campaña 2024/25 si los precios relativos se mantienen.

Pese a este panorama, la soja de primera todavía conserva algunos argumentos para seguir en carrera. Su menor costo de implantación la convierte en una opción viable para productores con limitaciones financieras. Además, en lotes de bajo potencial para maíz, la oleaginosa sigue siendo una alternativa razonable. También aparece el factor estratégico de la rotación de cultivos, fundamental para preservar la sustentabilidad de los sistemas agrícolas. En ese sentido, muchos técnicos aconsejan no abandonar por completo la soja, aun cuando los números de corto plazo resulten menos atractivos.

El futuro de la soja dependerá en buena medida de la dinámica internacional de precios. En los últimos meses, las cotizaciones en Chicago reaccionaron con firmeza a la menor área sembrada en Estados Unidos y a las dudas sobre la productividad de sus lotes. Sin embargo, el crecimiento sostenido de la producción brasileña actúa como un límite estructural al potencial de suba. Para el productor argentino, la clave estará en manejar herramientas de cobertura y comercialización, que permitan capitalizar eventuales repuntes del mercado sin quedar expuesto a caídas abruptas.

Agrolatam.com
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