China acelera su inversión en infraestructura agrícola sudamericana para asegurar el suministro de granos. Brasil lidera el cambio, mientras crece la presión sobre EE.UU. y el resto de la región.
Europa quiere cerrar el biodiesel de soja. Más que un debate ambiental, es una señal de cuánto perdió la Argentina en credibilidad mientras sigue creyéndose un actor central.
Sería sano -y hasta responsable- que algunos macroeconomistas urbanos aflojen con el relato de una supuesta supercosecha gruesa 2025/26 y un ingreso récord de divisas que, en el terreno, no aparece por ningún lado.
La cosecha récord de Brasil no es solo un dato productivo: es una señal geopolítica que redefine el rol de Sudamérica y deja a la Argentina frente a una decisión clave.
Firmamos, brindamos y sacamos la foto. Después, Bruselas avisó que mejor esperemos sentados. Europa vuelve a mostrarnos que el problema no era la letra chica.
La cuota de carne que fijó China puede ser una oportunidad histórica para la Argentina o un problema serio si se deja librada al "primero llegado". Administrar es clave para no destruir valor.
Con menos presión fiscal y algo de previsibilidad, el agro volvió a hacer lo suyo: sembrar, invertir y generar dólares. La campaña 2025/26 deja un mensaje directo para la política y la sociedad.
La letra chica del acuerdo puede empujarnos al salto bioindustrial... o encadenarnos a exportar biomasa mientras Europa captura el valor. El tren está saliendo.
El consumo de carnes marca máximos históricos y abre un escenario favorable, pero la cadena porcina enfrenta costos, comercio y reglas que exigen definiciones urgentes.