Argentina ajusta su lugar en la mesa de carne
Menos faena en hembras, mayor presión comercial desde Brasil, oportunidades en Estados Unidos y un escenario europeo en retracción. El negocio de la carne argentina navega entre desafíos y oportunidades.
El negocio mundial de la carne vacuna está lejos de ser un terreno firme. En un escenario global cada vez más competitivo y volátil, Argentina se encuentra obligada a repensar sus estrategias para sostener su participación en los mercados internacionales, mientras lidia con tensiones internas y movimientos clave en países vecinos.
En el frente local, los datos más recientes muestran que la faena de hembras cayó un 6,22% en junio, totalizando 1,03 millones de cabezas, el nivel más bajo desde febrero. Sin embargo, en la comparación interanual, la actividad creció un 16,6% respecto a junio de 2024. El primer semestre del año cerró con 14,39 millones de cabezas faenadas, un récord histórico, marcando un incremento del 1,65% respecto al mismo período del año anterior.
Mientras tanto, Uruguay logró superar a Brasil en peso promedio de faena, alcanzando los 264 kilos por cabeza frente a los 252 kilos del promedio brasileño, una diferencia que refleja una mayor eficiencia en la recría y terminación a corral del país oriental.
En el plano sanitario y comercial, Estados Unidos volvió a cerrar sus fronteras al ganado mexicano, tras un nuevo brote de gusano barrenador en Veracruz, lo que altera el flujo de faena en la región norteamericana. Esta decisión se suma a la creciente incertidumbre en torno al futuro inmediato de los mercados.
Europa, por su parte, muestra una tendencia sostenida a la baja en su censo ganadero: en diez años, el bloque perdió 8,7% de sus bovinos, 8,1% de sus cerdos y más del 16% de sus cabras, en lo que parece ser una transformación estructural hacia modelos más sustentables y menos intensivos.
Con este tablero en movimiento, Argentina debe jugar con inteligencia. Por un lado, Brasil mantiene una agresiva política exportadora, en parte impulsada por sus altos niveles de faena y necesidad de reubicar excedentes, lo que podría presionar los precios internacionales. Por otro, crecen las oportunidades de acceder con mayor valor a mercados como el estadounidense, donde los precios promedio superan los USD 10.000 por tonelada, frente a los USD 5.000/6.000 que paga China por los sets de cortes tradicionales.
La dependencia del mercado chino sigue siendo una vulnerabilidad para el modelo exportador argentino. Si bien se consolidó como un destino de volumen, cualquier cambio regulatorio o arancelario en ese país podría dejar expuestos a los frigoríficos nacionales.
En un año donde la oferta local es más acotada y cada tonelada exportada cuenta, el valor agregado, la eficiencia productiva y la apertura de nuevos destinos serán claves para mantener al país en la mesa de los grandes jugadores.