América Latina

Sequías y cambio climático reconfiguran el mapa global de la vulnerabilidad

El avance de fenómenos extremos está golpeando a América Latina, África, Asia y el Mediterráneo, dejando pérdidas agrícolas, crisis hídricas y desplazamientos poblacionales.

Las sequías se han convertido en uno de los fenómenos más preocupantes de las últimas décadas. No solo avanzan en frecuencia, también lo hacen en intensidad, arrasando cultivos, limitando el acceso a agua potable y alterando las dinámicas económicas y sociales de los países. Según la OCDE, la superficie mundial afectada por sequías se duplicó desde 1900 y alcanzó el 27 % en 2021, una cifra que ilustra el desafío que enfrentan gobiernos y comunidades.

De acuerdo con informes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), existen regiones donde el impacto es especialmente grave. África oriental y meridional aparece como una de las más castigadas: naciones como Somalia, Etiopía, Kenia, Angola, Botswana, Malawi, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Zambia y Zimbabue han sufrido pérdidas humanas, muerte de ganado, hambrunas, desplazamientos masivos y crisis de agua potable. La inseguridad alimentaria en estos territorios es una consecuencia directa del estrés hídrico.

En Asia sudoriental, la sequía se combina con la intrusión de agua salada en los sistemas de riego y reservas hídricas, un fenómeno vinculado al aumento del nivel del mar. Vietnam, Malasia, Indonesia y Tailandia han visto caer sus rendimientos agrícolas, en particular del arroz, alimento básico para millones de personas.

América Latina tampoco escapa al impacto. Brasil, Colombia y Venezuela, países atravesados por la cuenca amazónica, han registrado baja disponibilidad de agua potable, incendios forestales, mortandad de fauna acuática y problemas de transporte fluvial por la disminución del caudal de ríos estratégicos. Estas condiciones han llevado incluso a racionamientos de agua en ciudades como Bogotá y a la preocupación de que el Amazonas, considerado el pulmón del planeta, atraviese sequías más severas.

En el Mediterráneo, las altas temperaturas y la falta de precipitaciones han golpeado duramente a España, Marruecos y Turquía, con cosechas reducidas y dificultades en el suministro de agua para consumo humano.

En México, la crisis se refleja en tensiones para distribuir el recurso hídrico de manera equitativa entre población, industria y agricultura. Panamá, por su parte, enfrenta un reto distinto pero igualmente crítico: la reducción de agua en la cuenca que abastece al Canal de Panamá, lo que ya ha obligado a imponer restricciones y ha generado retrasos en el comercio internacional.

El escenario global se complica si se consideran los registros recientes. 2023 y 2024 fueron los años más cálidos de la historia, y el 22 de julio de 2024 fue declarado el día más caliente jamás medido en la Tierra. Estas temperaturas extremas, junto con lluvias escasas, derivaron en escasez de agua y alimentos, así como en racionamientos energéticos en varios países.

Los expertos advierten que la tendencia no se revertirá en el corto plazo. Por el contrario, se espera que durante lo que resta de 2025 persistan los mismos patrones: sequías recurrentes, pérdida de cosechas, incendios forestales, problemas en las cadenas de transporte y presión sobre los ecosistemas.

Más allá de los números, el fenómeno revela una realidad urgente: el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una crisis presente que obliga a transformar la gestión de los recursos naturales, invertir en resiliencia climática y replantear los modelos de producción agrícola y consumo.

Agrolatam.com
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