Lluvias históricas: provincias del centro y norte esperan más de 100 mm este fin de semana
El fin de agosto llega con lluvias excepcionales que superarán los 100 mm en varias provincias. Entre el alivio al agro y el riesgo de inundaciones, el clima marca un récord invernal.
El mes de agosto se despide de la Argentina con un fenómeno climático que sorprende incluso a los meteorólogos más experimentados: lluvias excepcionales que superan los promedios históricos y que están dejando registros inéditos en distintas provincias del centro y norte del país. Este cierre invernal, marcado por acumulados superiores a los 100 milímetros, está generando un escenario de contrastes: mientras algunos productores celebran la recuperación hídrica de los suelos, otros sufren las consecuencias de los anegamientos y las inundaciones que complican la logística rural y la vida en varias localidades.
Durante las últimas semanas, provincias como Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires ya venían recibiendo lluvias muy por encima de lo habitual para esta época del año. Ciudades como Pehuajó, 9 de Julio o Carlos Casares se encuentran en estado crítico, con caminos rurales intransitables, campos bajo agua y zonas urbanas aisladas. Lo mismo ocurre en el centro bonaerense, donde el exceso pluvial dejó un panorama complejo para productores y transportistas. La magnitud de las precipitaciones es tal que muchos especialistas ya hablan de un "agosto récord", un mes históricamente seco que esta vez se convierte en protagonista absoluto de la agenda climática.
El pronóstico a corto plazo confirma que el fenómeno seguirá activo. Según el modelo de referencia del Centro Europeo (ECMWF), el sábado las lluvias más intensas se concentrarán en la región de Cuyo y Córdoba, con acumulados que podrían superar con facilidad los 100 mm en sectores puntuales. El domingo, el sistema se desplazará hacia el este, abarcando Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa, con registros cercanos a los 40 o 50 mm, aunque no se descarta que en forma localizada las cifras sean todavía mayores. En Buenos Aires, en tanto, las lluvias llegarán de manera más moderada, pero igualmente significativas para un mes invernal.
El impacto en el agro es, como siempre, heterogéneo. Para zonas donde la humedad del suelo venía en déficit, la recarga hídrica representa una buena noticia, sobre todo de cara a los cultivos de invierno y la preparación de la campaña gruesa. Sin embargo, en los sectores donde la capacidad de absorción ya está colmada, el exceso de agua significa pérdida de lotes, dificultades de acceso a los campos y riesgos sanitarios para la hacienda. Así, lo que para unos significa alivio, para otros es sinónimo de complicaciones y pérdidas económicas.
Además de la lluvia, este sistema traerá un cambio térmico que pondrá fin al ambiente primaveral que dominó los últimos días. Tras el paso de las tormentas, el viento rotará al sur y provocará un descenso marcado de las temperaturas. Aunque no se prevén heladas en la franja central, sí se espera un regreso a condiciones más invernales durante el inicio de septiembre, un contraste notable respecto al clima templado que venía dominando la segunda mitad de agosto. El nuevo mes, entonces, comenzará con una postal distinta: días fríos, cielos despejados y suelos saturados de agua.
Lo que preocupa a los especialistas es la continuidad de un patrón climático que se mantiene fuera de lo habitual. Las lluvias de agosto no solo rompen con la estadística, sino que se suman a un invierno que ya venía mostrando acumulados elevados en buena parte del país. La Tormenta de Santa Rosa, que suele ser la protagonista por estas fechas, parece haber llegado anticipadamente con una intensidad que superó todas las previsiones. En ese contexto, los productores y autoridades locales deberán mantenerse en alerta, ya que la saturación de los suelos aumenta la vulnerabilidad frente a nuevos episodios de tormentas en las próximas semanas.
En síntesis, agosto se despide con un escenario de contrastes extremos: lluvias históricas que pueden ser el puntapié para una campaña agrícola más sólida, pero también la causa de inundaciones y complicaciones en vastas áreas productivas. La Argentina agrícola se encuentra, una vez más, frente al desafío de convivir con un clima imprevisible, donde el agua que para algunos significa vida y producción, para otros se convierte en exceso y pérdida. El desafío inmediato será gestionar este volumen de precipitaciones con inteligencia y rapidez, sabiendo que cada gota caída puede marcar la diferencia entre una oportunidad y una amenaza.