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La transición empezó con el cepo de Cristina Kirchner

El cepo extremo no se justifica desde el punto de vista técnico. Y es injusto porque no permite preservar ahorros. Resultaba más conveniente el desdoblamiento cambiario.

31 Oct 2019

Resultan ambiguas las señales que llegan para la economía y los mercados en las primeras horas de la transición después del triunfo de Alberto Fernández y su consagración como presidente electo el pasado domingo. Ayudan la civilidad de los ganadores y perdedores. Histórico el encuentro en Casa Rosada entre el presidente electo y el saliente el mismo lunes tras la elección, y tranquilizador el equilibrio de poderes que surgió de la elección, sin mayorías abrumantes ni en el Congreso, ni en el volumen de los sufragios entre triunfadores y derrotados. 

Suman todas estas novedades como necesarias para avanzar, pero claramente no resultan suficientes. No alcanzan las buenas intenciones si no se ingresa en detalles a esta altura para reducir la incertidumbre ante la gravedad de la situación económica del presente. Menos para empezar a dar vuelta la crisis de confianza desatada a partir de las enormes dudas que se abren respecto de cómo las nuevas autoridades se disponen a encarar los problemas. 

Por lo pronto, el único acuerdo aparente entre Mauricio Macri y Alberto Fernández ha sido reponer prácticamente la prohibición para comprar y vender dólares, con el cepo hasta 200 dólares por persona. Casi un homenaje a la política económica de dos claros ganadores del domingo, la ahora vicepresidenta electa, Cristina Kirchner, y su gobernador electo en Buenos Aires, el exministro del cepo, Axel Kicillof. 

Lo notable es que el equipo económico del presidente Macri dice ahora que al cepo cristinista lo pidió Alberto, mientras que desde el campamento del presidente electo niegan eso rotundamente. Aseguran que el cepo fue una decisión desesperada del Banco Central que no cuenta con el aval albertista. Un homenaje anónimo, entonces, para el Instituto Patria. 

Conviene aclarar a esta altura que la decisión de imponer un cepo extremo, casi peor que el que regía con Cristina, ha sido una decisión política del gobierno del presidente Macri que no se justifica desde el punto de vista técnico. No tiene que ver con cuidar las reservas. Lo hacen para que no se legalice un dólar al precio de mercado. Suponen que la inflación sigue al dólar oficial, y buscan obligar al sector privado a perder la diferencia de cambio para financiar parte del déficit. Inaceptable para la foja de servicio de Mauricio Macri, quien se supone significa todo lo contrario al innecesario cepo con que se despide de su mandato. 

Perfectamente, para cuidar todavía más las reservas se podría haber establecido un desdoblamiento cambiario, con un dólar comercial controlado por el Gobierno y un dólar financiero libre, donde, como se ha visto en el blue en los días posteriores a la elección, hay más vendedores que compradores. 

El cepo, además de la peor imagen política y económica de lo que los argentinos rechazaron desde 2011, termina haciendo más caro al dólar en los mercados no regulados. Supone una enorme injusticia, porque le impide a la gente preservar sus ahorros y el esfuerzo de su trabajo, mientras permite que las clases altas obtengan dólares subsidiados de las reservas para pagar viajes y gastos en dólares con tarjeta en el exterior o importaciones de lujo que se atienden con las cada vez más escasas reservas. 

Naturalmente, como ya la Argentina experimentó tantas veces en el pasado, el cepo impide que ingresen dólares, porque nadie entra a un cine si el acomodador le anticipa que no lo dejará salir. 

Las consecuencias del cepo las probó la propia Cristina. Se agravó la recesión, se aceleró la inflación, y perdió cuatro elecciones seguidas, de 2013 a 2017. 

Tan grave como que la administración Macri haya optado por el cepo de Cristina en lugar de desdoblar, es que Alberto y su equipo lo avalen. El ahora presidente electo hace pocos meses en el famoso encuentro de Clarín prometió gobernar sin cepo. Con gran razonabilidad explicó que el cepo es como poner una piedra en una puerta giratoria. 'Nadie sale, pero tampoco nadie entra', dijo. 

¿Será el cepo de Cristina el futuro que promete Alberto Fernández y su hasta ahora indefinido equipo económico? La señal parece negativa ¿Cómo se podría lograr un acuerdo con los acreedores y con el FMI si se mantiene un cepo cambiario? 

Se sospecha que se avala el cepo ante la eventualidad de que no haya acuerdos y reaparezcan turbulencias. Sospechan los especialistas que el plan de la transición es un combo complicado. 

Cepo extremo, usar las reservas para pagar la deuda en dólares hasta renegociar con bonistas y con el FMI, y emisión de pesos para pagar gastos y deuda en pesos reprogramada. De a poco, ir desarmando la bola de nieve de las Leliq, con más emisión si fuera necesario para devolver los depósitos a plazo fijo en pesos que no se renueven por la previsible baja de tasas. 

Ninguna pista ni de equipos económicos confirmados, ni de cómo bajar el déficit fiscal, ni de cómo pagar la deuda. Solo se pusieron de acuerdo en un solo tema: el cepo de Cristina. A donde tantas veces Alberto y Mauricio prometieron nunca volver.


La Nación