Economía

Teoría Monetaria Moderna: humo sobre el agua

La 'teoría' en la que se apoya la propuesta de 'poner plata en el bolsillo de la gente' mediante la emisión es endeble y no está pensada para un país en estanflación como la Argentina.

28 Nov 2019

La economía argentina cierra la década en estanflación, con default selectivo de su deuda pública y niveles de pobreza registrada de los más altos que se recuerde, al menos en el último medio siglo. Urge una estrategia para retomar un sendero de crecimiento y también un programa de estabilización, condición necesaria (si bien no suficiente) para revertir el empobrecimiento de cada vez más sectores de la población. 

Desde la campaña presidencial, y especialmente después del resultado electoral del 27 de octubre, ha cobrado forma en los medios el aparente objetivo de "poner plata en el bolsillo de la gente". Un eufemismo de "aumento de transferencias discrecionales, financiadas con emisión monetaria". Palabras más o menos, es la versión local de la llamada "Teoría Monetaria Moderna", MMT por sus siglas en inglés. 

La propuesta fundamental de la MMT es la de promover el crecimiento económico (no sólo reactivaciones cíclicas, transitorias) impulsando la demanda agregada con aumentos del gasto público y financiarlo con emisión de dinero. La MMT da por supuesto (ad hoc) que los gobiernos no enfrentan jamás una restricción presupuestaria efectiva ("binding"), y atribuyen ese supuesto a la capacidad de imponer la moneda de curso legal. 

Según la MMT permite financiar sus déficits emitiendo dinero sin límites. Implícitamente, que los bancos centrales siempre deben estar totalmente subordinados a la autoridad fiscal. La profusa literatura de la MMT no se encuentra en las revistas científicas de referencia de la profesión, ni converge a un modelo o familia de modelos de referencia. 

Los libros y documentos de sus exponentes se presentan en prosa descriptiva, algo repetitiva, evitando el uso de métodos de optimización, o los modelos intertemporales de uso corriente en la profesión en las últimas 3-4 décadas, pero en ningún caso reflexionan sobre el impacto de estas recetas en países en estanflación. 

Es cierto que para el público no economista y para el proselitismo político, son más accesibles los textos con mínimo o inexistente uso de métodos cuantitativos, y abundante recurso a metáforas y citas históricas. Algo que torna al enfoque en una serie de descripciones demasiado ambiciosas como para ser consideradas una "teoría monetaria". 

Básicamente utiliza de manera selectiva ciertos supuestos ad hoc de la teoría tradicional, cuya vinculación lógica y base empírica lucen en extremo débiles: a) demanda de dinero infinita, b) capacidad de los gobiernos de retener el monopolio de la emisión de dinero vía definición unilateral de qué moneda tiene curso legal y puede ser usada con poder cancelatorio de pagos, c) inexistencia de restricción de presupuesto y de financiamiento para el sector público, d) asociación directa entre curso legal, aceptabilidad voluntaria de cierto dinero y financiamiento "asegurado" de los déficit fiscales con emisión monetaria, e) inexistencia, o irrelevancia, de sustitución de monedas... 

Bajo tales supuestos, la MMT entiende que siempre se puede recuperar un sendero de crecimiento vía emisión permanente de dinero. No habría inflación, no habría volatilidad de expectativas, tasas de interés ni de tipos de cambio. Una subestimación (¿adrede?) de la relevancia de los cambios de las expectativas y su correlato en ajustes en el nivel de ahorro voluntario del sector privado y en cambios de la composición de carteras de activos en los que se constituyen esos ahorros. 

Ergo, la MMT también supone que todo anuncio de un programa monetario expansivo de manera permanente, no transitoria, siempre aseguraría el crecimiento en el largo plazo de la actividad económica y sin inflación (al menos mientras el nivel de actividad sea inferior al de pleno empleo). 

Una visión que además no asigna relevancia alguna a los incentivos que tienen los banqueros centrales para incumplir sus promesas, ni a sus consecuencias. Esto es el conocido problema de la inconsistencia temporal de anunciar reglas monetarias "conservadoras" y ejecutar políticas discrecionales que generan más inflación para tratar de incrementar los ingresos fiscales vía emisión monetaria (el llamado "señoreaje"). 

El núcleo de la visión "optimista" de la MMT para reactivar la economía vía déficit fiscales y emisión monetaria no supera ni el análisis de un estudiante de segundo o tercer año de licenciatura en economía: asume que, si el Estado tiene déficit, en el resto de la economía hay un superávit. Algo cierto en economías totalmente cerradas. Pero en cualquier economía (hasta en Corea del Norte) existe al menos comercio exterior, y el desbalance fiscal bien puede tener correlato en un déficit de cuenta corriente. 

En presencia de déficit gemelos, el financiamiento de esas brechas es en sí un problema, como lo refleja la evidencia de siglos de crisis de balanza de pagos y financieras, y no sólo en Argentina. ¿Y la demostración explícita, con modelos precisos y discusión a fondo de tales relaciones causa-efecto? Brillan por su ausencia o en el mejor de los casos por su pobreza analítica... 

No por nada Lawrence Summers, por caso, ha manifestado que la MMT es una receta para desastres, y Kenneth Rogoff no ha dudado en calificarla como "Tontería Monetaria Moderna". 

El caso argentino: estanflación y endeudamiento 

En el caso argentino actual, si se pretende recuperar la liquidez y la monetización de la economía, debe recuperarse la demanda de dinero local con políticas creíbles que permitan bajar la inflación. En una situación de emergencia, un aumento transitorio por un tiempo limitado, financiado con deuda y emisión de dinero. Pero otra cosa es una expansión fiscal de largo plazo, con un "festival de bonos" y emisión monetaria sin control alguno. 

Reconocer de todas formas que en algún momento se puede requerir una expansión fiscal, no es un pensamiento "revolucionario", y mucho menos en teoría económica. Y por otro lado, no significa, ni por asomo, que el sector público no tiene una restricción de presupuesto, y que tenga una suerte de "licencia" para endeudarse y/o emitir dinero sin límites. La demanda de dinero y de bonos son externos al sector público. Un grupo de burócratas desde una oficina jamás puede controlarla. Negar ese hecho real fundamental, es hacer cualquier cosa menos análisis económico. 

De ser aplicada en nuestro país la MMT, el resultado más probable es una aceleración del crecimiento de la demanda que el de la oferta de bienes. Resultado: el mismo de la mayoría de las experiencias populistas del pasado: más inflación, presiones sobre el tipo de cambio, mayor brecha entre tipo de cambio "paralelo" y oficial, caída de la demanda de dinero, dolarización de carteras, reactivación mínima o estancamiento y caída de los salarios reales. 

En el largo plazo no puede esperarse otra cosa más que la profundización de la estanflación, la incertidumbre cambiaria, y lo peor, el inevitable colapso de la actividad, el empleo y el abastecimiento de bienes de capital, intermedios y de consumo. 

Mal que les pese a los promotores de la MMT, ningún modelo ni autor mínimamente respetable augura algo diferente, y la evidencia de las altas e hiperinflaciones de las últimas tres décadas en diversos países del mundo es más que concluyente al respecto. 

Probablemente este enfoque suena a "novedad", pero la "Teoría Monetaria Moderna" genera inicialmente cierto interés. Pero no es una teoría, ni un aporte a la frontera del conocimiento de teoría monetaria. Es una propuesta de impulso permanente por el lado de la demanda cuyas consecuencias inflacionarias se han tratado de evitar o postergar en varios países con controles de precios, de salarios, de tasas de interés, de cambios y de capitales. 

Sin abandono y reversión de las presiones inflacionarias antes que se tornen incontrolables, no es más que un efímero "programa" de populismo cortoplacista de un final no muy alejado al del experimento de Allende en Chile en 1970-73, el de Argentina de 1973 a 1975, al de Alan García de mediados de los '80 o al de Venezuela en las últimas dos décadas. 

Si la propuesta que se quiere discutir para la Argentina actual pasa por expandir la demanda, con incentivos a la oferta y una transitoria expansión de liquidez, no es más que una salida heterodoxa, cuyos detalles permitirían evaluar la sensatez y coherencia para evitar finales como los de los experimentos populistas citados. 

Si es del tipo expansión fiscal y monetaria sin límites, con controles estatales de todos los precios y mercados, los que invocan la MMT bien debieran ahorrarse tiempo de lectura en inglés, y optar por ejemplo por "El Perú Heterodoxo: Un Modelo Económico", publicado por Daniel Carbonetto en 1987. La "novedosa" y "moderna" MMT no dice nada diferente a lo ya conocido en esta región. 

Pero lo que sí cabe remarcar que si se pretende sostener el aumento permanente del gasto público y del déficit fiscal, se está incubando una nueva crisis. Y si no, veamos la herencia de diciembre de 2015, y su deficiente "manejo" hasta el presente. 

En suma, si algo hemos aprendido en las últimas cinco décadas de efímeros éxitos y recurrentes fracasos de sucesivos gobiernos son algunas de estas enseñanzas que nuestros políticos (mayoritariamente no economistas) se resisten a admitir: 

a) Los experimentos populistas de redistribución de ingresos promovidos con expansiones fiscales son efímeros y terminan con un deterioro final de los fundamentos macroeconómicos y de los salarios reales (en breve: pan para hoy, y hambre para mañana y para después de mañana también). 

b) Expandir la demanda aun con desempleo puede conducir a una aceleración inflacionaria de difícil manejo. Una recesión o una contracción de liquidez impulsada vía suba de tasas de interés no garantiza la estabilidad de precios, ni evita la huida del dinero local hacia activos en moneda extranjera. Resultado: más incertidumbre, acortamiento de horizontes de planeamiento, desincentivo al ahorro en moneda local y a la inversión productiva. 

c) Un programa viable y creíble de estabilización y crecimiento requiere, de mínima: a) eliminar los déficits fiscales, o mantenerlos en niveles controlables, b) preservar tasas de inflación bajas y poco volátiles, y c) eliminar controles de precios, salarios o cambiario. Si por razones de emergencia se opta por mantenerlos, hacerlo de manera moderada y por poco tiempo. Nada que ver con el populismo monetario de la MMT o de variantes latinoamericanas anteriores a este enfoque. 

En ese sentido, para el caso argentino actual la MMT asoma como un enfoque excesivamente ambicioso, con objetivos difícilmente alcanzables. Su énfasis en expansiones monetarias y fiscales permanentes y sin límites no resisten, en realidad, ni el más básico análisis. El riesgo cierto ante semejante propuesta es el de enfrentar escenarios de alta o hiperinflación, con sus conocidas consecuencias negativas para los salarios reales, la actividad, el empleo y la estabilidad política e institucional. 

En las circunstancias actuales es más que necesario recomendar a las futuras autoridades la necesidad de evitar slogans apresurados y superficiales camuflados como "nuevas teorías". En el plano de la formulación de políticas, se necesita un mínimo de equilibrio entre los objetivos y metas "realistas" y las "ambiciosas". 

Pero sin realismo (gran punto débil de la MMT), la fijación de objetivos de política y la formulación de planes económicos carecen de credibilidad. 

Una vez lanzado un programa, también hay que ser realista con los límites para acciones ambiciosas y en principio bienintencionadas que desea aplicar cualquier equipo de gobierno. En ese sentido, para el escenario que enfrenta actualmente nuestro país, la MMT ofrece recomendaciones de consecuencias excesivamente ambiciosas y optimistas. 

Los resultados dependen, de manera fundamental de que las políticas que se apliquen superen el difícil test de combinar apropiadamente acciones relativamente ambiciosas (para asegurarse el logro de metas y resultados deseados) con objetivos de política relativamente realistas (para evitar expectativas indebidas, y posteriores desengaños y pérdidas de credibilidad irreversibles). 

La relación entre política económica, estabilidad y crecimiento depende siempre de elegir la combinación más adecuada a la realidad que se quiere cambiar. Y es ahí donde la MMT se evidencia como un enfoque en extremo endeble, sin respuestas convincentes. Al menos para pasar de manera clara e irreversible de una estanflación crónica como la actual, a un sendero de estabilidad y crecimiento sostenible en el largo plazo.


El Economista