Opinión

La renta del campo y el riesgo de que las vacas gordas se vuelvan acas

Las peleas entre los gobiernos y el campo siempre arrastran una lógica parecida

13 Ene 2021

  Por lo general se dan en momentos en los que aparece un ingreso extra, por un lado, y una mesa que automáticamente parece medio vacía, por el otro.

 Los precios internacionales en alza siempre son una buena noticia para la Argentina, pero entre quienes diseñan políticas públicas, generan una pulsión difícil de reprimir: se transforman en generadores de una renta que puede ser distribuida entre quienes lo necesitan, sea un Estado al que le faltan dólares o pesos (o ambos) o productores que viven presionados por los costos internos, la mala financiación y un mercado de consumo que no da para todos. 

 Al Gobierno le aprietan todos los zapatos. La pérdida de reservas lo impulsó a cambiar el esquema de retenciones a los agroexportadores, con la ilusión de que una baja transitoria de ese impuesto se transformase en una liquidación anticipada. La medida funcionó a medias, porque el Ejecutivo no había resuelto los demás factures de incertidumbre y la brecha cambiaria no invitaba a nadie a dejar sus dólares en el Central a cambio de pesos.

Luego vino un tiempo de diálogo "indirecto", ya que con el argumento de armar una mesa más amplia, el Gobierno eligió a un interlocutor de su agrado. El Consejo Agropecuario Argentino sumó a exportadores y comercializadores, licuando en su composición el peso de los productores  

 Durante varias reuniones en las que estuvo también Martín Guzmán, se discutieron políticas impositivas y sanitarias para crear un sendero de largo plazo. Pero luego saltó una chispa fuerte: casi 20 días de paro en puertos que atenazaron el negocio de las cerealeras, sin que el Ejecutivo mostrara entusiasmo en resolverlo.

 Tras cartón, llegó el cierre de las exportaciones de maíz hasta marzo, impulsado por la perspectiva de que los precios internacionales de los granos que se usan para la cría de aves y ganado terminaran empujando un poco más un producto sensible para la canasta familiar. 

 Detrás de todo esto hay un factor común: desde hace varias semanas las cotizaciones de Chicago, tanto de la soja como de los cereales, muestran aumentos firmes. Incluyen la potente recuperación de China, el limitado stock del mercado americano y el riesgo de sequía latinoamericana. 

 El campo teme por un nuevo ajuste a las retenciones, y el Gobierno, por una inflación que le desacomode más el horizonte cambiario. Por eso ayer ambas partes encontraron puntos de distensión: la eliminación del cepo a la exportación a cambio del compromiso de que no caiga la oferta interna de maíz para que no suba su precio. A eso se le agregó la creación de un mecanismo que compense la brecha entre Chicago y el valor interno, algo así como un "barril criollo" para el cereal, con el Estado viendo cómo neutralizarla diferencia. El riesgo del intervencionismo, como siempre, es que la vaca gorda se vuelva acá.