Opinión

Retenciones y renta inesperada: una propuesta "pior es nada

5 May 2022

 La remanida cuestión de las retenciones volvió en estos días, fundamentalmente en las redes sociales, cuándo no... y vale la pena profundizar. El tema se reavivó a partir de la intentona, todavía dando vueltas aunque dicen que no es para el campo, del impuesto a la "ganancia inesperada". Ya se habló bastante del absurdo de este concepto, así que hoy prefiero volver sobre el tema de los derechos de exportación, que en el léxico simplificado denominamos "retenciones".

En realidad, hay muchas "retenciones" en la actividad económica, generalmente vinculadas con impuestos, aunque también las hay de origen comercial. En casi todos los negocios el comprador retiene una parte del pago a la espera de que se disparen distintos eventos. Por ejemplo, la entrega del bien. En granos, durante muchos años rigió el pago de un 90% y el saldo ("la final") cuando se determina la calidad.

En materia impositiva, cuando un comprador de la industria adquiere, por ejemplo, bolilleros, le tiene que hacer una retención de ganancias al proveedor. Y después con el consabido VEP y una declaración jurada hay que pagarle ese monto a la AFIP.

En el caso de los derechos de exportación (Dex), la retención es simplemente la forma de cobrarlo. La razón fundamental de la existencia de los Dex es la facilidad de la Aduana para cobrarlos: para que se le emita un permiso de embarque, el exportador debe acreditar el recibo que se le emite por pagar los derechos de exportación. "Te espero en el puerto", es el mecanismo infalible para cobrar la gabela.

El Banco Central paga el dólar a la mitad de su valor internacional

El exportador hace sus números y dice: vendí soja a 640, pagué un 33% de derechos, me quedan 415. Ahí va al Banco con esos 415 dólares y los vende al cambio oficial. Hoy, 115 pesos por dólar. Da para pagar los 48.000 pesos que vale hoy en Rosario. Mientras tanto, el Banco Central se queda con la diferencia por haberle tomado los dólares a 115 pesos, la mitad de lo que vale.

Así que por diferencia de cambio se queda con más de US$300 por tonelada, y encima te retiene uno de cada tres camiones que mandás al puerto.

Por eso sonaba a un exabrupto esta idea de la ganancia inesperada. En realidad, el que obtenía una ganancia inesperada era el Estado, que goza del beneficio de la suba de precios como "dueño" del 60% de la soja. Está bien, no van a aplicar ese impuesto absurdo a los chacareros, pero estamos lejos del empate.

Digamos todo. Estamos frente a una exacción obscena. Pero es absolutamente impensado que cualquier gobierno, el que está o el que viene, pueda prescindir de los recursos que aporta el campo.

Lo que en las páginas de Clarín Rural venimos poniendo sobre la mesa, como tema de debate, la conversión de los derechos de exportación en "otra cosa". Como tales, tienen un enorme impacto al alterar la relación insumo producto. Y mucho más el desdoblamiento cambiario, porque no todo lo que se compra viene en dólares oficiales. Para simplificar el análisis, supongamos que sí, aun sabiendo que no es cierto.

El Estado, incluso el que eventualmente heredaría un Milei, va a necesitar recursos. Una cosa es que los obtenga ejerciendo el poder omnímodo, que es por lo que despotrica el líder libertario, y otra diferente que "lo pida prestado". Ya sé que no queremos darle un peso a un gobierno corrupto y carente de ideas. Supongamos que le queda un año y medio de vida. Hay que prepararse objetivamente (y anímicamente) para aquel momento.

La capacidad del agro de generar recursos. vía la continua creación de competitividad, es imponente. Con los mecanismos de captura descriptos, el Estado succiona toda la renta generada y aún más. La alternativa es ponerle un freno a esto. La propuesta, que se la presenté al ministro Guzmán en una carta abierta, es aprovechar el mecanismo del "te espero en el puerto" pero no para pagar un derecho de exportación, sino un anticipo del impuesto a las ganancias. Que es el que todos pagan o deberían pagar.

El exportador, cuando le paga a la Aduana para obtener el permiso de embarque, recibe el monto pagado en bonos. Hay que perfeccionar el tipo de bono, la tasa de interés, el término. Pero el concepto es que hoy no recibe nada y entonces descuenta el derecho de exportación en cada liquidación.

Ahora no descontaría nada: paga el valor de la mercadería completo, pero en dos partes. Un 80% en pesos, y el 20% restante transfiriendo los bonos correspondientes. El vendedor podría usar estos bonos para pagar otros impuestos, inversiones en insumos tecnológicos, o en valor agregado, etc. ¿Es engorroso? Es solo una idea en borrador, aunque hace 20 años la vengo desgranando periódicamente en estas páginas. La gota que horada la piedra. No se me ocurre nada mejor, pero uno está siempre abierto a otras ideas... Pior es nada.


Clarín.com