Ganaderia

Qué barata está la carne

No hay manera de cargarle responsabilidad a este emblemático producto sobre los desbordes inflacionarios que vive el país. El gobierno tendrá que buscar otro chivo expiatorio para maquillar sus errores

 En su negación de la realidad, el gobierno sigue ubicando a la carne vacuna como uno de los responsables de la suba de precios que es generada por su adicción a emitir billetes de manera descontrolada. Es uno de los recursos más vulgares y a la vez más a mano para tratar de desviar la atención de la opinión pública sobre sus propios errores. El último capítulo de este culebrón pasa por la aparente intención de importar alimentos, movida en la que estaría incluida la carne vacuna, aunque todo es poco creíble y poco probable.

Lo cierto es que la carne vacuna, y la ganadería por ende, están lejos que cualquier tipo de desborde. Los precios de la carne vacuna informados por Indec dan un incremento promedio en abril del 2.7%, en tanto la encuesta del IPCVA marca una suba ligeramente superior (3.4%), similar al de la hacienda en pie, frente al 8.4% del índice general. En relación a abril de 2022, a nivel minorista la carne bovina aumentó 79%, mientras que el novillo lo hizo en un 61%, en ambos casos por debajo de la variación del IPC (108.8%).

Por lo demás, el novillo perdió 20% de su valor real en dos meses y medio, desde el pico de enero-febrero; la inflación se devoró la quinta parte de su precio en pesos constantes. Las vacas siguen perdiendo asimismo valor real, alrededor de un 46% en un año. Si uno pretendiera culpar a los alimentos de nuestra triste realidad, no hay manera de responsabilizar a este noble producto del desmadre inflacionario que vive el país. La avalancha de números disponibles desmiente cualquier intento oficial en este sentido.

Hay además elementos que impiden que la carne vacuna se siente en el banquillo de los acusados si pretendiera impulsar su valor. En el marco de una inflación descontrolada, el poder adquisitivo de los salarios de derrite día tras día y limita mayores aumentos en el mostrador. En 2022, con un ingreso medio se podía comprar 66 kilos de carne vacuna al mes, un 30% menos de lo que permitía este mismo ingreso en 2019. Por supuesto esta cuenta se ha deteriorado aún más durante el año en curso. No es la carne que se encarece, es el poder de compra de los sueldos que se derrumba. Los flacos bolsillos de los argentinos están en el límite de sus posibilidades.

En el caso de la carne el tema es más complejo. Curiosamente en los últimos 12 meses se verifica un crecimiento en los volúmenes de compra aparente, pero con menor presupuesto. El consumo crece algo más de un 3%, aunque con un gasto que se contrae un 5% en pesos constantes en relación a un año atrás. En criollo, se gasta menos por la situación salarial, pero alcanza para comprar un poco más de carne, que está relativamente barata.

Las razones de los precios de este emblemático producto son concretas: la cantidad de carne disponible para el mercado interno es un 11% superior al volumen registrado un año atrás. Es consecuencia de la prolongada seca y la necesidad de enviar más animales a faena. Este nivel de oferta se mantendrá muy elevado durante gran parte del año, a menos que las lluvias cambien radicalmente el escenario a campo.

Coherentemente con esta realidad se observa un ritmo elevado de faena de vacas aún sin haber ingresado al período de mayor salida. El Rosgan advierte que los indicadores de faena muestran cifras muy pesadas en relación al stock. En los primeros cuatro meses del año el total de vacas sacrificadas ascendería a casi un millón de cabezas, cuatro veces más que las registradas en igual período un año atrás. En ese lapso los feedlots llevan ingresada una cantidad de vacas 45% superior a la del mismo lapso de 2022.

Ya sea por falta de pasto o posibles demoras en los refugos, la salida de vacas registrada hasta la fecha definitivamente es una de las más altas de los últimos 20 años, tanto en números absolutos como en términos del stock inicial.

Mirando el mediano plazo, más allá de que el ritmo de ingresos a los corrales empiece a mermar, la alta ocupación que presentan los feedlots permite descontar que el mercado seguirá muy abastecido por un tiempo. Por el contrario, se duda de si el aparente adelantamiento de los encierres, no comenzará a declinar tempranamente acortando el período de abastecimiento previo al fin de año. De ser así, el Rosgan cree que los precios del gordo, y por ende de la carne al consumidor, que al menos hasta octubre deberían permanecer relativamente contenidos, podrían tener una corrección significativa hacia fin de año, una vez despejada también la incertidumbre previa a las elecciones. En buen romance, el gobierno tendrá que elegir otro chivo expiatorio para sus recurrentes errores.

¿Y el productor? Queda claro que el mercado interno, al igual que el clima, no lo están ayudando en absoluto. El sector exportador, por su parte, enfrenta un mercado externo dependiente de China, una plaza que viene menos activa y que ha bajado sus precios. De todos modos, los envíos argentinos se mueven a un ritmo aceptable si tenemos en cuenta que vienen con el freno de mano impuesto por el gobierno. Pudiendo actuar como dinamizador de un presente complicado para el ganadero, el Estado lo obliga a competir con herramientas que lejos de promover la actividad, limitan su accionar.